viernes, 13 de febrero de 2026

PIEZAS DE LEGO

 


Distendí muy bien mis argumentos. Tendí mis ideas, haciéndolas coincidir con las del proyecto, las de la institución y las del modelo civilizatorio, como hace la mucama con las sábanas limpias, para que les dé el sol y queden frescas, blancas y perfumadas. Pero convertí mi tiempo en su tiempo. Recorté mi salario intelectual, para así podernos ver debajo de la mesa, no por encima. Edifiqué unas estructuras bien medidas, primero con piezas de lego, aunque ya no pude después con materiales de verdad. Adapté mis maquetas, les quité piezas, alteré las escalas (a la medida de ellos), dejé zonas sin retocar. Regresé a la bibliografía básica; les propuse otra, pero no la leían, no la comprendían. Preparé el motor para volar, pero a la mera hora tuvieron miedo; otros se enojaron, me señalaron entre ellos y se decían que qué me pasaba. Apagué el motor, les dí chance una y otra vez, y no. Querían volar de avioncito, con los brazos abiertos y corriendo en círculos mientras hacían trompetillas. Les grité al pie del avión que podían subir, que el motor estaba encendido, pero no. Unos me ignoraron, otros ve veían mientras seguían con las trompetillas y otros más me mentaron la madre. No los oí pero leí sus labios.
Arriba en el cielo volaban otros aviones, de diferentes especies. Un amigo allá arriba me llamó por el walkie talkie: —Qué demonios haces ahí?— dijo riendo.
Perdí mis esperanzas. Me subí a mi avión y los dejé atrás. Cobrando altura miré hacia abajo y los ví, haciendo cabriolas, entre piezas coloridas de lego, como en sus maquetas.

miércoles, 11 de febrero de 2026

APOTEOSIS VISUAL

 



" "El árbol gris" y "Composición 2 en rojo, azul y amarillo" Piet Mondrian

Los árboles de Piet Mondrian establecen una jerarquía equilibrada entre la forma y el espacio. Los cuadros rojos, azules y amarillos, por su parte, son más una glorificación conceptual que una proposición formal. En los árboles hay complejidad, en los cuadros de colores hay simpleza y concreción.

Los focos históricos que dieron origen al diseño actual son muchos: la invención de la imprenta, la fotografía, las técnicas fotomecánicas, la prensa, la tipografía... La Bauhaus es apenas un remanente consecuente de más de dos mil años precedentes.

La técnica de pintura al óleo es hija de la pintura al temple, y ésta de la pintura al fresco. El óleo no es ensalzado por su dificultad, sino por su predominancia histórica, apenas de 500 años.

La aceptación del figurativismo por sobre el abstraccionismo es respuesta a un modo de interpretación del mundo, coincidente con un tipo de afiliación social, no con una valoración estética real. No es que sea mejor, no. Es que es coincidente con la idea de lo que es el mundo visual: algo reconocible, aunque no se sepa nada de él.

El empleo dominante del rectángulo como formato universal es respuesta a factores prácticos de utilidad y usabilidad, íntimamente vinculados a múltiples modalidades perceptivas y representativas: perspectiva, proporción, ergonomía, masa, una pizca de tradición y modulabilidad.

La cultura de la pantalla es cada vez más una reafirmación de una realidad hecha con luz artificial.

La necesidad como justificación de producción visual tiene varias jerarquías, todas ellas determinan un tipo de visión sobre su disciplina: expresión, persuasión, satisfacción, comunicación, contraposición, dominio, posicionamiento, tradición, exaltación o simple locura. ¿Razón?, muy poca.

La composición es la relación espiritual entre la belleza y la aspiración a la perfección.

"El buey desollado" Rembrandt 


En "El buey desollado" de Rembrandt, lo bello es primero, lo plástico de la pintura, cómo está hecho. Segundo, la relación entre el phatos y el cuerpo, imagen cárnica que remite inexorablemente al memento mori. Y tercero, lo terrible como lo horrible, lo feo como lo trágico, lo extremadamente sensible como lo irremediablemente temporal. Por eso es bello.

Lo simplemente bonito es lo simplemente bien hecho pero hueco. Lo cursi es lo bien o mal hecho pero pretencioso. Y lo sobrio es lo bien hecho y a la vez asertivo, suficiente pero no tanto para ser genial. Lo genial es de otros niveles, de otro planeta.

"La Gioconda" Leonardo da Vinci

Lo apoteótico de la Gioconda no está en el supuesto misterio de su sonrisa, ni en su mirada, ni en las manos, ni en el paisaje de fondo. Se encuentra en la unidad de cada una de sus pinceladas, que son a su vez, la incólume proyección espiritual de una mano distendida, que supo transformar lo terrenal en "lo divino" para trastocar su realidad taciturna. Nadie puede comprender eso si no es pintor. Y ningún pintor puede sentirlo si no es Leonardo da Vinci.

"Mujer llorona" Picasso

No todos los Picassos son Picasso. Lo que es de Picasso es lo incomprensiblemente replanteado e inventado. Lo demás son rostros chuecos.

El arte del artista no es pretender serlo, sino serlo al mismo tiempo que pretende hacer arte sin pensar que lo sea.

Lo descriptivo, lo simbólico, lo metafórico, lo visceral, lo terrible, lo decorativo, lo histórico, lo costumbrista, lo religioso, lo banal o lo cotidiano. Formas congruentes o coincidentes de abordaje a los temas en el arte; como formas plásticas con qué "decirlos".

La obra anónima no intercede identidades para hacerse ver, entender y valorar. Su anonimato permite vislumbrar su compromiso espiritual, no su posicionamiento social.

Festejarle un dibujo mal hecho a un niño es como festejarle que se haga popó en los pantalones. Los parámetros de exigencia formativa deben estar ligados con la realidad que los contiene, de otra manera se generan realidades inexistentes, falsas espectativas, éxitos de papel.




miércoles, 4 de febrero de 2026

LA PERSISTENCIA DE LA RAZÓN

 

La versión de Disney de la reina de corazones

Domesticar lo trágico de la vida está en la persistencia de lo que se hace. No para someter a la realidad. No para comulgar con las identidades y las susceptibilidades. No para enaltecer los sueños y la magia. Sino para aprovechar al máximo el tiempo, el esfuerzo y todo factor de subsistencia. Si ya estamos aquí entonces hagamos lo que tenemos que hacer; y si es posible, hagámoslo tan bien que lo vivamos bien.

Si la práctica hiciera al maestro, bastarían pocos años para tener buenos políticos, buenos maestros, buenos herreros, buenos albañiles, buenos padres, buenos ciudadanos...
La construcción del yo, que es paralela a la del trabajador, el profesionista o el artesano, se nutre de acciones, no de teorizaciones, pero una minima dosis de racionalidad es siempre necesaria para enaltecer el trabajo, para que valga la pena lo que se hace y entonces sí, la persistencia dé frutos. Consciencia.

Hay gente que lleva años practicando su oficio y siempre lo hace mal. Entonces no es la práctica solita, es la pertinencia de lo que se hace, que es la conjunción entre un buen esquema o modelo de instrucción y una buena dosis de compromiso. ¿No nos quejamos siempre del otro que no hace las cosas bien? ¿No son ellos los que repetidamente, después de hacer lo que hacen mal, no lo depuran? Aquí nada tiene que ver si la acción es un oficio o una profesión. Puede ser la vida misma, que requiere por simple subsistencia, que las cosas se hagan bien, que se respete el dinero, el tiempo y la energía del otro. Un simple servicio mal hecho de tintorería, cerrajería o mecánica es suficiente para no volver más. Los negocios no truenan por mala estrategia, sino por mala producción. Si el dentista se empeña en quitarle la muela al paciente, con un argumento que sólo él entiende, será suficiente para ganarse unos pesos de más. Y cuando otro dentista le dice que eso no era necesario, el primero habrá perdido un cliente.
En la formación es lo mismo. Una estudiante de mi clase de dibujo me dijo que la práctica hace al maestro. ¿Por qué entonces no hacen eso? ¿Por qué se conforman con tres ejercicios de acuarela que tienen que entregar al maestro en vez de hacerlo cien veces por su cuenta hasta dominarlo? ¿Por qué regatean el costo de los materiales, el esfuerzo, el compromiso? ¿Qué es entonces para ellos el tiempo? ¿Que algún día lo harán, que alguien lo haga por ellos o que se haga solo?
Regresamos a la culpa del otro, ese que hace las cosas mal. Yo no.

La práctica sin pertinencia no genera super dotados, al contrario, produce conformistas, criticones, quejosos y corruptos. Dibujar mil veces lo mismo hará al maestro si lo que se dibuja y cómo se dibuja contiene los elementos suficientes para validar su pertinencia. Hay cosas que si se repiten, sirven para aprender a dibujar, y hay cosas que no sirven para nada, por muy bonitas o sabrosas que sean.
Dominar la acuarela requiere primero aprender bien la técnica y luego repetirla. Aplicarla mal y repetirla mil veces es hacerla mal mil veces, y eso no hace a nadie maestro. El espacio para repetirla no está en la clase, está en quien realmente abre un espacio porque quiere hacerlo. Los referentes ayudan, pero cuando el profesor no da la pauta correcta para referirlos bien, el alumno chifla en la loma.

Y que no se nos olvide, el alumno no sabe, el que sabe es el maestro. —¿Cómo que el maestro tampoco sabe? —¿Cómo que el alumno cuestiona al maestro?—

En el país de las maravillas la locura y el sinsentido hacen parecer que la loca es Alicia.
—¡Que le corten la cabeza!— Al fin y al cabo la persistencia de la razón vale un comino.

martes, 27 de enero de 2026

BREAKING BAD

 

Imagen del cartel promocional de la serie televisiva "Breaking bad" (alusión referencial)

Mis reglas son muy estrictas, pero ellos siempre encuentran el mínimo espacio para contradecirlas. Ellos harán lo que no dije porque no lo dije, no porque esté permitido o sea informal. Ellos lo saben, pero no les importa.

Con un bafle a todo volumen se instalaron sin permiso en los oídos de todos. No hay permiso porque los permisos los permite al que le importan un bledo los permisos.

Que no me lo hagan a mí. Doy por hecho que la desgracia de los demás es aparte de la mía, aún cuando vivamos en la misma sociedad.

Aviso de oficina: —El negocio abre a las 9 y cierra a las 8. El horario de comida es de 3 a 5, aunque comamos en la sala de juntas con la puerta abierta cuando nos dé la gana y a la vista de todos. El de hacer chismes es a cualquier hora. El de ver las redes, todo el tiempo. Las contrataciones y las artimañas para mantenerse en los puestos o contratar a familiares se hacen a escondidas. Si ve que no hay nadie o no se le atiende, sea tolerante o venga otro día. Si es cuate no se preocupe, tiene las puertas abiertas de par en par—.

Tengo mil costras. Las cultivo arrancándome unas, mientras se me hacen otras. Las llagas nunca sanan, pero las costras mantienen viva la llama de mi vida, pues al devorarlas redimo la parte espiritual de mi piel que no tiene heridas.

El ungido cumple el sacramento en sí mismo, aún cuando se sepa impuro o impío. El que unge no revisa el perfil de quien unge, ya sea por ignorancia o protocolo.
Los ungidos podrían guiar a los otros, pero el liderazgo no suele ser parte de un perfil equilibrado, sino de uno corrupto.

Prefirió romper sus juguetes que prestarlos. No por egoísmo, sino para proteger la esencia de sus sueños. Él sabe que jugar no es un juego.

Le pedimos a la virgen que nos atienda, le rogamos, le suplicamos y si se puede —cuando es fecha y en bola de preferencia—, nos arrastramos para que nos cumpla. Pero no sabemos, o más bien, no queremos que nos pidan ser prolijos con el prójimo.

Damos por hecho que la lluvia, el calor, el frío o la sequía son naturales, pero no queremos aceptar la naturaleza propia, esa que por un lado nos invita al salvajismo, y por otro lado, nos obliga a dominarlo.

Con un cuchillo asesiné mi destino cuando no pude soportar el vacío de mis escrúpulos. Hubiera querido usar una pistola, habría sido más fácil y menos tortuoso, no hubiera sufrido tanto y no sería tan lenta mi agonía. Pero una pistola es mucho más cara que un cuchillo.

Los loros arremedan muy bien lo que escuchan. Los humanos escuchan muy bien, pero solo arremedan a la perfección el influjo de la estupidez.

Nunca aprendió a tocar bien su instrumento pero se hizo músico. No pudo nunca aprender a dibujar pero expone su obra con regularidad. No tenía el cuerpo ideal para bailar, pero se hizo bailarina profesional. Tenía carencias elementales de redacción y ortografía, pero ya tiene varios libros publicados. En la escuela nunca destacó, pero gracias al papá y la mamá famosos se hizo actor. No sabía ni qué era, pero aceptó la plaza de investigador y ahora hasta le dan premios. No sabe hacer nada, pero ahora es artista contemporáneo, con beca y toda la cosa.
Lo justo no es lo justo, sino justo es lo que no lo es. Así es en el arte actual.

Con inteligencia artificial me arreglé la nariz, la papada, la lonja y las bolsas de los ojos. Con nada de inteligencia me hice político.

Con una facilidad como nunca antes puedo viajar a cualquier lugar del planeta, pero nunca encontré la oficina para tramitar mi pasaporte a los más ocultos resquicios de mi ser.

Nunca supe qué estudiar pero hice la prueba y la pasé, sin gran esfuerzo. Ya en la escuela, reprobé muchas materias pero luego las pasé en extras. Ahora que ya me gradué, sigo sin saber por qué estudie eso, pero me va mejor que aquel compañero que sí sabía lo que quería y sacaba puro diez.

Nunca preparo mis clases. Por eso llego al aula y les repito lo mismo a mis alumnos, y cuando se me acaba el carrete, les hablo de política, de las injusticias y de cómo se hacen bien unos huevos fritos.

Madrugo todos los días para darle fuerte al trabajo, pero nunca es suficiente. Le pedí prestado al banco y a veces nos ayuda mi mamá, a escondidas de papá, si no se enoja. No sé por qué no progreso si soy buen hombre, nunca me alcanza para mantener a mi mujer embarazada y mis ocho hijos.

Decidí ya no verme nunca más en los espejos. Para no hacerme a la idea de que aquel reflejo soy yo, cuando en realidad es una copia invertida de mí mismo. Estoy pensando en sacarme los ojos, a ver si así puedo ver las cosas como son, como las veía Borges.

La gente que anda en moto anda con el cuerpo expuesto a la velocidad y a la impertinencia. A ver cuándo hace los respectivos ajustes la Real Academia Española: —motociclista, del latín motoris=que mueve o produce estupidez—.

No tenemos ni para tragar, pero le vamos a hacer sus quince años a mi hija de dieciséis. A ver cómo le hacemos después.

Inconscientemente a propósito me disfrazo con retazos de ropa indígena de aquí y de allá, como antropóloga o etnóloga hippie, aunque por la época me queda mejor el término hipster millenial. Pero tengo más de 50, así que me queda mejor todavía hipster chavorruca. No soy muy de ir al Starbucks ni soy vegana ni me interesa lo ecológico ni la sustentabilidad, pero como mucho pan y refresco, hago yoga y soy feminista. ¡Ah, eso sí!, tengo un doctorado patito sobre estudios de cultura náhuatl.

Escondo mis secretos en la caja de la taza del baño. No confío en los bancos ni en las cajas de seguridad. Saco una parte cada vez que necesito excomulgar lo que realmente pienso de las personas, del mundo y del universo.

Ya lo sé, lo respetable es lo que merece respeto, no lo que se mantiene al margen de una discusión o pleito. Pero si fuera sincero tendría pleitos con todos.

Lo cortés no es formalidad ni necesariamente es ser educado. Es una manera de interceder un protocolo social o cultural. Puedes dar los buenos días a tu vecino y al mismo tiempo sacar a tu perro para que se orine en su puerta.

El mayor reto es progresar en un contexto hostil. Por eso recurro siempre a los atajos más eficaces para hacerme el tonto conmigo mismo.

Analizo las partículas mínimas, los esteres y las bacterias, pero no sé cómo estudiar mis erratas de vida, no caben en el microscopio. 


sábado, 24 de enero de 2026

REFUGIOS



La realidad es la sofocante manera de estar presente, y las brechas entre la guerra y la paz, modos antagónicos entre estar adentro y afuera, se hacen, pero también las hacemos. No hay un mismo refugio para todos. Para unos es la intransigente manera de convertir la felicidad en locura. Para mí es la aspiración por estar consciente de que respiro, con pequeñas pausas de labilidad, en donde cabe también el ensueño. También es una forma de locura, pero es la única manera que reconozco de limar las asperezas entre lo real y lo divino. ¿Es un refugio real? ¿Es posible compartirlo? No lo sé, no creo. El refugio más grande para todos es la muerte, pero como nadie la reconoce, para nadie existe. He visto rayar en la muerte a muchos amigos y conocidos, pero ninguno ha sabido concebir su experiencia en un globo aerostático para contemplarse a sí mismo; todos terminan por ensanchar su imagen en un espejo de feria, de esos que deforman los reflejos.

Otros refugios menos estratosféricos son la meditación, la religión, las vacaciones y el Internet. Tengo un amigo, de esos que vemos cada quinientos años, que es budista. Aunque casi no nos vemos y que tenemos diferencias abismales, compartimos el mismo refugio, la silente amistad de estar desde lejos en la misma cavidad: respirar el mismo aire espiritual. Él convierte el espacio en pinceladas que definen la distancia lumínica entre los objetos que existen en los paisajes. Yo lo hago con nervaduras lineales que luego imprimo en telares de fibras flexibles. Él exhibe lo que hace para sostener la ligadura social, para justificar su relación con el mundo real. A mí no me importa exhibir mis líneas, pero doy clases para aterrizar en el mundo y luego despegarme de él.
El refugio más poderoso de mi edificio no está en el sótano ni en la bodega, está en los pilares del control y el refrenamiento. Cada vez que hay un bombardeo me aferro a mis pilares, me compenetro. No sé que haría con una bomba atómica. Para sobrevivir tendría que dejar el mundo antes, como hacen los jubilados; pero tendría que dejar todo atrás y no sé qué sea eso. Lo más probable es que me refugie en la muerte, para que nada me haga daño.