Imagen del cartel promocional de la serie televisiva "Breaking bad" (alusión referencial)
Mis reglas son muy estrictas, pero ellos siempre encuentran el mínimo espacio para contradecirlas. Ellos harán lo que no dije porque no lo dije, no porque esté permitido o sea informal. Ellos lo saben, pero no les importa.
Con un bafle a todo volumen se instalaron sin permiso en los oídos de todos. No hay permiso porque los permisos los permite al que le importan un bledo los permisos.
Que no me lo hagan a mí. Doy por hecho que la desgracia de los demás es aparte de la mía, aún cuando vivamos en la misma sociedad.
Aviso de oficina: —El negocio abre a las 9 y cierra a las 8. El horario de comida es de 3 a 5, aunque comamos en la sala de juntas con la puerta abierta cuando nos dé la gana y a la vista de todos. El de hacer chismes es a cualquier hora. El de ver las redes, todo el tiempo. Las contrataciones y las artimañas para mantenerse en los puestos o contratar a familiares se hacen a escondidas. Si ve que no hay nadie o no se le atiende, sea tolerante o venga otro día. Si es cuate no se preocupe, tiene las puertas abiertas de par en par—.
Tengo mil costras. Las cultivo arrancándome unas, mientras se me hacen otras. Las llagas nunca sanan, pero las costras mantienen viva la llama de mi vida, pues al devorarlas redimo la parte espiritual de mi piel que no tiene heridas.
El ungido cumple el sacramento en sí mismo, aún cuando se sepa impuro o impío. El que unge no revisa el perfil de quien unge, ya sea por ignorancia o protocolo.
Los ungidos podrían guiar a los otros, pero el liderazgo no suele ser parte de un perfil equilibrado, sino de uno corrupto.
Prefirió romper sus juguetes que prestarlos. No por egoísmo, sino para proteger la esencia de sus sueños. Él sabe que jugar no es un juego.
Le pedimos a la virgen que nos atienda, le rogamos, le suplicamos y si se puede —cuando es fecha y en bola de preferencia—, nos arrastramos para que nos cumpla. Pero no sabemos, o más bien, no queremos que nos pidan ser prolijos con el prójimo.
Damos por hecho que la lluvia, el calor, el frío o la sequía son naturales, pero no queremos aceptar la naturaleza propia, esa que por un lado nos invita al salvajismo, y por otro lado, nos obliga a dominarlo.
Con un cuchillo asesiné mi destino cuando no pude soportar el vacío de mis escrúpulos. Hubiera querido usar una pistola, habría sido más fácil y menos tortuoso, no hubiera sufrido tanto y no sería tan lenta mi agonía. Pero una pistola es mucho más cara que un cuchillo.
Los loros arremedan muy bien lo que escuchan. Los humanos escuchan muy bien, pero solo arremedan a la perfección el influjo de la estupidez.
Nunca aprendió a tocar bien su instrumento pero se hizo músico. No pudo nunca aprender a dibujar pero expone su obra con regularidad. No tenía el cuerpo ideal para bailar, pero se hizo bailarina profesional. Tenía carencias elementales de redacción y ortografía, pero ya tiene varios libros publicados. En la escuela nunca destacó, pero gracias al papá y la mamá famosos se hizo actor. No sabía ni qué era, pero aceptó la plaza de investigador y ahora hasta le dan premios. No sabe hacer nada, pero ahora es artista contemporáneo, con beca y toda la cosa.
Lo justo no es lo justo, sino justo es lo que no lo es. Así es en el arte actual.
Con inteligencia artificial me arreglé la nariz, la papada, la lonja y las bolsas de los ojos. Con nada de inteligencia me hice político.
Con una facilidad como nunca antes puedo viajar a cualquier lugar del planeta, pero nunca encontré la oficina para tramitar mi pasaporte a los más ocultos resquicios de mi ser.
Nunca supe qué estudiar pero hice la prueba y la pasé, sin gran esfuerzo. Ya en la escuela, reprobé muchas materias pero luego las pasé en extras. Ahora que ya me gradué, sigo sin saber por qué estudie eso, pero me va mejor que aquel compañero que sí sabía lo que quería y sacaba puro diez.
Nunca preparo mis clases. Por eso llego al aula y les repito lo mismo a mis alumnos, y cuando se me acaba el carrete, les hablo de política, de las injusticias y de cómo se hacen bien unos huevos fritos.
Madrugo todos los días para darle fuerte al trabajo, pero nunca es suficiente. Le pedí prestado al banco y a veces nos ayuda mi mamá, a escondidas de papá, si no se enoja. No sé por qué no progreso si soy buen hombre, nunca me alcanza para mantener a mi mujer embarazada y mis ocho hijos.
Decidí ya no verme nunca más en los espejos. Para no hacerme a la idea de que aquel reflejo soy yo, cuando en realidad es una copia invertida de mí mismo. Estoy pensando en sacarme los ojos, a ver si así puedo ver las cosas como son, como las veía Borges.
La gente que anda en moto anda con el cuerpo expuesto a la velocidad y a la impertinencia. A ver cuándo hace los respectivos ajustes la Real Academia Española: —motociclista, del latín motoris=que mueve o produce estupidez—.
No tenemos ni para tragar, pero le vamos a hacer sus quince años a mi hija de dieciséis. A ver cómo le hacemos después.
Inconscientemente a propósito me disfrazo con retazos de ropa indígena de aquí y de allá, como antropóloga o etnóloga hippie, aunque por la época me queda mejor el término hipster millenial. Pero tengo más de 50, así que me queda mejor todavía hipster chavorruca. No soy muy de ir al Starbucks ni soy vegana ni me interesa lo ecológico ni la sustentabilidad, pero como mucho pan y refresco, hago yoga y soy feminista. ¡Ah, eso sí!, tengo un doctorado patito sobre estudios de cultura náhuatl.
Escondo mis secretos en la caja de la taza del baño. No confío en los bancos ni en las cajas de seguridad. Saco una parte cada vez que necesito excomulgar lo que realmente pienso de las personas, del mundo y del universo.
Ya lo sé, lo respetable es lo que merece respeto, no lo que se mantiene al margen de una discusión o pleito. Pero si fuera sincero tendría pleitos con todos.
Lo cortés no es formalidad ni necesariamente es ser educado. Es una manera de interceder un protocolo social o cultural. Puedes dar los buenos días a tu vecino y al mismo tiempo sacar a tu perro para que se orine en su puerta.
El mayor reto es progresar en un contexto hostil. Por eso recurro siempre a los atajos más eficaces para hacerme el tonto conmigo mismo.
Analizo las partículas mínimas, los esteres y las bacterias, pero no sé cómo estudiar mis erratas de vida, no caben en el microscopio.

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