sábado, 24 de enero de 2026

REFUGIOS



La realidad es la sofocante manera de estar presente, y las brechas entre la guerra y la paz, modos antagónicos entre estar adentro y afuera, se hacen, pero también las hacemos. No hay un mismo refugio para todos. Para unos es la intransigente manera de convertir la felicidad en locura. Para mí es la aspiración por estar consciente de que respiro, con pequeñas pausas de labilidad, en donde cabe también el ensueño. También es una forma de locura, pero es la única manera que reconozco de limar las asperezas entre lo real y lo divino. ¿Es un refugio real? ¿Es posible compartirlo? No lo sé, no creo. El refugio más grande para todos es la muerte, pero como nadie la reconoce, para nadie existe. He visto rayar en la muerte a muchos amigos y conocidos, pero ninguno ha sabido concebir su experiencia en un globo aerostático para contemplarse a sí mismo; todos terminan por ensanchar su imagen en un espejo de feria, de esos que deforman los reflejos.

Otros refugios menos estratosféricos son la meditación, la religión, las vacaciones y el Internet. Tengo un amigo, de esos que vemos cada quinientos años, que es budista. Aunque casi no nos vemos y que tenemos diferencias abismales, compartimos el mismo refugio, la silente amistad de estar desde lejos en la misma cavidad: respirar el mismo aire espiritual. Él convierte el espacio en pinceladas que definen la distancia lumínica entre los objetos que existen en los paisajes. Yo lo hago con nervaduras lineales que luego imprimo en telares de fibras flexibles. Él exhibe lo que hace para sostener la ligadura social, para justificar su relación con el mundo real. A mí no me importa exhibir mis líneas, pero doy clases para aterrizar en el mundo y luego despegarme de él.
El refugio más poderoso de mi edificio no está en el sótano ni en la bodega, está en los pilares del control y el refrenamiento. Cada vez que hay un bombardeo me aferro a mis pilares, me compenetro. No sé que haría con una bomba atómica. Para sobrevivir tendría que dejar el mundo antes, como hacen los jubilados; pero tendría que dejar todo atrás y no sé qué sea eso. Lo más probable es que me refugie en la muerte, para que nada me haga daño.

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