lunes, 7 de septiembre de 2026

Seis Morales, memoria mortuorum tributum

 

Ricardo Morales López dando clase


Seis Morales, memoria mortuorum tributum

Mi amigo Ricardo Morales López (1963-2020) era grabador, litógrafo, investigador y maestro en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado "la Esmeralda" y en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía "Manuel del Castillo Negrete" del INAH.

Cuando su papá Eduardo Morales Luna (dibujante, fotógrafo y diseñador editorial) se enfermó, lo fuimos a ver a Tlatelolco, para darle apoyo moral. Nos tomamos un café con pan en la pastelería "El Globo" que está en la esquina de prol. Guerrero y Manuel González. Justo en medio de la plática, sus hermanos le avisaron por teléfono que su papá acababa de fallecer. Salimos corriendo a su departamento (enfrente, en el edificio Miguel Hidalgo).

Poco después y luego de un largo cuidado, Ricardo me avisó que su madre Margarita López Gatica había muerto. Le hicieron sus exequias en Oaxaca.

Luego fuimos al funeral de su hermano Luis Guillermo, músico que tocaba el guitarrón en el grupo de jarocho Colibrí (hay varios videos en YouTube de Colibrí en canal once, en el programa "Aprendiendo a envejecer" sobre todo), y que dirigía su esposa Arcadia Noguera. Acompañamos a Ricardo en la funeraria Tlatelolco. Poco tiempo después también Arcadia falleció.

Luego de una breve estancia en el hospital, Ricardo murió de COVID en 2020. Él me avisó que lo iban a internar justo antes de subirse a la ambulancia.

Cómo dos años después, el escritor, archivista y gestor cultural Ángel Aurelio González Amozorrutia me dijo en un evento en el Centro de Estudios de Historia de México Carso, que Miguel Ángel había muerto hacía casi un año. Miguel Ángel era otro hermano de Ricardo, dedicado a la investigación y acuarelista (autor de la serie de Clío dedicada a Cantinflas, de un librito sobre cómicos mexicanos de la primera mitad del siglo XX, de un librazo sobre la historieta "Tradiciones y leyendas" y de un sinfín de detalles históricos y anecdóticos sobre arte y cultura mexicanas).
Para sus imágenes y a la postre.

miércoles, 26 de agosto de 2026

LA CLASE DEL INFINITO

 


No importa que no entiendas. Importa que hagas tu agenda. Es el primer paso, acuérdate. Si lo haces bien, lo demás viene en cascada.

Te hice enojar a propósito, para provocarte, porque te negaste a cumplir tus tareas. Pero tu ego se interpuso tanto, que no viste por qué lo hice. Es el dilema de la gente, verse el ombligo en vez de levantar la mirada. Y por otro lado, no asumir lo propio, echándole la culpa a lo demás.

Aprender una profesión no sólo es conocer de una disciplina, es aprender a ser disciplinado.

¿Haces tus tareas para la calificación o para tu desarrollo profesional? Son cosas distintas y tú lo sabes. Lo que hagas —sea por imposición o por iniciativa—, debe ser medido con mucho tino, de otra manera no tendría sentido.
Otra vez: —No te pongas en primer plano, haz las cosas por el infinito, no por tí—.

Me dan risa los que presumen que han estado en Nueva York, Londres, París, Egipto, África o Argentina. Yo nunca he ido a ninguno de esos lugares, pero he estado en el fondo cósmico.

Mi pase de bordar no es de aerolínea, es de fibras que interconectan lugares y tiempos. Me subo en una de ellas, y aparezco en los confines del universo. Ellos toman fotos y traen souvenires baratos. Yo observo lo que veo, lo guardo en mi costado y regreso con objetos etéreos, que solo pueden verse en los sueños.

Si me vas a regatear la calificación ya no tenemos nada que comentar. Los hilos que mueven el universo también se rompen.

La prohibición no es negativa si se sustenta en la legalidad y la moral. Lo que se prohíbe en el aula debe ser bajo un estricto control pedagógico, en donde cabe la actitud, la disciplina del profesor y el respaldo institucional. Esperar que los estudiantes no usen o usen correctamente los celulares por iniciativa propia no tiene sentido si el profesor no plantea con solidez sus directrices y no lo demuestra él mismo con su ejemplo.

No pienses en tus metas colectivas, porque no existen. Construye tus propias líneas. Estamos solos, y la soledad no es una tragedia, es un poder. Lo demás que no es uno es el universo. Si quieres ser tú mismo, aprende a andar solo.

Las fotitos de lo que haces y subes a las redes son una justificación para tí y para los demas; son el alimento del ego individual y universal. Que no subas nada no significa que no haces nada, al contrario, estás tan ocupado y concentrado en lo que haces que no te interesa reafirmarte ni justificarte para los demás. Los demás son tú.

Entre las gotas de lluvia y los objetos circundantes se genera un espacio estereoscópico. Cuando logres descifrar lo que se ve a través de la lluvia, habrás visto el infinito.

¡Ah!, que estás muy ocupado viéndote el ombligo, ¿verdad? Bueno, ya que estás en eso, sácate la pelusa del ombligo y mírala en el microscopio, a ver si ves algo de ti mismo entre las células muertas.

Ahí vas otra vez: la perfección que buscas no está en el maestro perfecto que quieres, está en lo que no ves de ti mismo, que no es tuyo, es del infinito.

Los chismes están hechos de reafirmación social, son un constructo inverosímil para el universo. Cuando dejas de chismear, ves más allá de las personas, te desprendes del constructo y te ves a ti mismo. Déjalos, no los juzgues, habla con ellos pero no los tomes en serio, porque ellos nunca te tomarán en serio, te usarán para reafirmar su propio autorreflejo.

En el infinito no hay ruidos, ni olores, ni humores, ni esperanzas, ni tragedias, ni aspiraciones, ni metas, ni descansos, ni locuras, ni equidades, ni sueños, ni logros, ni desencantos, ni amores, ni traiciones, ni ganancias, ni conveniencias, ni nada de nada de lo que somos ni hacemos acá en la tierra ¿Por qué entonces deberías hacer tu tarea y ser el mejor? Porque allá afuera está lleno de todo lo que no somos ni conocemos. ¿No comprendes, verdad? Me lo imaginaba, regresamos al mismo punto.

Si no lees, no tienes manera de construir nada. Cuando lees se escucha una voz interna que te dice más cosas. Ya sé, no todo es leer, también está: programar tus sueños, observar las nubes, ver los huecos entre las formas, atrapar fantasmas en el viento, atravesar la mente de las personas, caminar sobre los sonidos de los animales, meterte entre los muros... ¿Tampoco haces eso? ¡Uy chavo!, empieza por dejar tu celular en paz.

Tienes perro ¿verdad? Sácalo a pasear. Los perros ven cosas que tú no ves. Si estás atento a él en vez de estarlo jaloneando y regañando, te mostrará lo que ve, entonces él te paseará a ti.

En la escuela tenía un cuate que me seguía a todos lados y me copiaba lo que hacía, al mismo tiempo era grosero, rebelde e impositivo. Cuando nuestro camino se bifurcó, yo me fui por una vereda llena de espinas, él se regresó sobre sus pisadas. Si no tomas riesgos, no serás más que una calca chafa de otros. Trazar tus propias rutas es como caminar por el borde de un precipicio, si no tienes equilibrio, lo más probable es que te caigas.

¿Qué haces con tu tiempo libre? Si le preguntas eso a cualquiera, inconscientemente lo tomará como una intrusión a su vida privada, y aunque no te lo diga, pensará que qué te importa y lo más probable es que te diga mentiras. La verdad es terrible: no existe el tiempo libre. Lo que hacemos con el tiempo no depende de ataduras y libertades, sino de decisiones, y aquí sí, nadie quiere hacerse responsable.

Estar ofendido por todo y por cualquier cosa es la manera más eficaz de hacerse el ciego y el tonto.

Un señor que vende jugos en la esquina se molesta porque la gente pasa con su perro y como es natural, tienden a quererse orinar. Los maldice y comenta que ojalá no existieran los perros. A un lado de su puesto mandó construir varios locales, uno de ellos lo renta para la venta de croquetas y amenidades para mascotas; tampoco eso le molesta, cuando debería. Los domingos vende tamales en vez de jugos, y varios clientes que le compran llevan a sus perros; eso tampoco le molesta, y también debería. Cuando pasa el camión de la basura, recoge las cáscaras de las naranjas de su puesto y el camión deja un caminito pestilente de jugo podrido por toda la colonia, que a todos molesta pero nadie le dice nada.
¿Qué entendiste de esta historia? No, no es la parte moral lo importante.

La relación de fuerzas entre lo que sucede y lo que decidimos hacer es y no es controlable. El infinito decide.

Conforme la gente crece, se hace a la idea de que adquiere cierto tipo de autoridad e independencia, y en vez de pedir consejo y mantener un eje, se enoja si alguien más sabio lo corrige. La humildad se pierde cuando las barreras que sostienen el equilibrio de todo lo que existe se rompen.

El agua quieta es como el cristal, tiene un nivel perfecto, y parece espejo. El corazón de un hombre sabio es tranquilo y nivelado, por eso, es el espejo del cielo y de la tierra, el cristal de todo. Sé como el agua quieta, mira dentro de ella, y vete a ti mismo.

Las uñas y el pelo no duelen cuando te los cortas, pero si tienes un milímetro de ego, es suficiente que te roce una mosca para que te haga pedazos.

El músico solo habla de música. El pintor solo habla de pintura. El escritor solo habla de escritura. El político solo de política. El mago de magia. El doctor de medicina... El que no es músico, ni pintor, ni escritor, ni político, ni mago, ni doctor ¿de qué habla?

El que no habla de nada no habla, vive en el infinito.

La adicción más grande de cualquier persona es verse a sí mismo todo el tiempo.

La atención sobre el mundo es en realidad un reflejo de nosotros mismos. Por eso te dije el otro día que no hagas nada para tí, sino para el infinito; solo así lo harás bien.

Cuando vayas al supermercado fíjate bien en lo que hace la gente. No va por su despensa y ya, va porque necesita mantener su membresía como interlocutor con los demás. Cualquier experto te dirá que es normal porque el ser humano es un ente social. Pero el inventario del súper es exactamente igual que el del ser humano: con pasillos, estantes, clasificaciones y bodegas, con gente que busca lo que cree que necesita y compra lo que no utiliza o lo que sabe que le hace daño. Pero en el súper no se venden verdades ni sueños redimidos, eso está afuera, y se paga con tiempo de vida.

Cuando entraste a la universidad el primer día tenías la cara llena de júbilo, y ponías atención al grado que ni parpadeabas. Pero en pocos días tu atención se fue diluyendo y tu júbilo se convirtió en costumbre, rutina y queja. Es un dilema universal que nos aqueja a todos, no sabemos sorprendernos sin poner nada a cambio. Quebramos nuestras ilusiones inconscientemente a propósito.

Aprendemos rápido a criticar a los demás, pero nunca aprendemos a escuchar el sonido del viento, ese que sopla en el vacío total, en la sobriedad.

La prisión del mundo es el universo que nos imponemos nosotros mismos, el espacio que nos hace minotauros de nuestros propios laberintos.

El otro día me encontré con Juan Rulfo en las montañas, no me saludó ni nada, pero caminamos juntos un rato; nos siguió un perro ladino. Me mostró una planicie árida, como las que narra en "Luvina", y me señaló un casco viejo y en ruinas. Entramos. Anduvimos entre piedras secas, cascajo, muebles rotos y losas derruidas. Ningún sonido, ninguna hora, ninguna época, ningún lugar, ningún Rulfo. Solo el perro.

No todo cabe en la dicotomía de —me gusta o no me gusta—. Debes elegir con inteligencia. Si eres ignorante te comerás ese delicioso pastel sin saber que está envenenado.

Lo que gastas en materiales, transporte, alimentos, renta y otros gastos no es para cumplir el capricho de tus maestros. Es parte de un esfuerzo que complementa tu desarrollo profesional, tu capacidad de ser responsable y sobre todo, el esfuerzo de ser quien quieres ser estudiando. Si no te das cuenta de esto, renegarás siempre que son gastos inútiles, que tus materiales ya no los volverás a usar, te quejaras de que tu escuela está muy lejos, etc. Pero no incluirás en el paquete el factor más importante que determina todo esto y lo demás: Tú.

Cuando te des cuenta que el tiempo que perdiste no se desdobla, habrás entendido que nada importa más que hacer lo que debes hacer a toda costa, sin pensar en ganancias personales. Luego viene que hagas algo con eso.

El diálogo interno se construye con una revisión constante de la interacción con nuestro prójimo. Piensa en algo que no tenga que ver con algo dicho o hecho por la gente. Cuando lo logres, se abrirá una rendija para ver el infinito.

El éxito de lo que dices, haces o piensas no se mide con likes en las redes sociales. Basta con que esté cargado de una buena dosis de impersonalidad.

Lo importante es aprender a cuestionar, a dudar, a abrir más espacio, porque el conocimiento no es de nadie y lo que se puede saber es apenas una partícula del universo ¿Sí lo sabes, no?

No podemos decir con orgullo que la UNAM es una de las mejores universidades cuando uno mismo no es uno de los mejores alumnos, profesores o trabajadores de la UNAM.

Hay maestros estrictos de dos tipos: los que exigen porque saben conjugar un equilibrio entre autoridad, respeto y conocimiento. Y los fanfarrones, que se hacen pasar por estrictos cuando en realidad son groseros e ignorantes.

Cuando acabes tu carrera no serás experto en lo que estudiaste, apenas habrás tendido el tapete para hacer de lo que aprendiste un camino de inicio. Lo que pase después dependerá de tí.

La disciplina es un compromiso que se adquiere con desapego, porque lo que define las actitudes responde a lo que uno ve de sí mismo y lo que ve del mundo.

Cuando hacemos a un lado la imagen personal, esa que anteponemos para sentirnos importantes, superiores y ofendidos, respetar las reglas no es una imposición, sino un "hacer". Es entonces cuando hacemos lo que tenemos que hacer sin la posición del yo. En pocas palabras, la gente indisciplinada no ve el mundo, se ve a sí misma, por eso reniega de lo que debe hacer bien.


Una vez me preguntaste cómo ordenar tu vida, cómo priorizar tus tareas. No te dije nada porque eso se resuelve en la intimidad. Es como el ADN, lo tienes o no lo tienes.
No se es disciplinado para sentirse nada, es porque no importa. En clase te dije que hicieras las cosas por hacerlas, no por tí ¿Te acuerdas?


Dedicarse a algo no debe ser un motivo de apego e identificación. Debe ser antes que cualquier cosa, una responsabilidad.

Los orgullos vienen después, cuando tu sobriedad ha consumado un equilibrio entre saber y sentir.

Posterga el cacareo, sé sobrio, contenido y respetuoso contigo mismo. Cuando logres algo no hagas escándalo, celébralo con gusto, pero con la calma de quien sabe que nada permanece. Sí, ya sé, que para incentivar, motivar y no sé qué... Pero subirse al ladrillo siempre es estar al pie de un abismo.

No hagas alardes porque serás el payaso fino de tu comunidad. El que realmente sabe es sobrio, tranquilo y objetivo.

Cuando te dedicas a algo, ya sea por prescripción social, por gusto o necesidad, tienes dos opciones: sentirte parte de un grupo o ser lo mejor de tí mismo. 


jueves, 7 de mayo de 2026

MIS MAESTROS

 

El maestro Luis Nishizawa (hasta arriba), con sus ayudantes y alumnos en un curso en el Museo del Pueblo, en Guanajuato, en 1993.


Si alguien es capaz de generar algún tipo de aprendizaje y por ese simple hecho una noble reverencia, merece sin cuestiones llamarse maestro. Por eso Sócrates, Platón, Averroes, Pitágoras, Marco Aurelio, Plinio, Durero, Einstein, Hawking, Humboldt, Feyerabend, Paz, Portilla, Antaki, De la Peña y una pléyade de doctos y exangües personajes —que caben aquí pero que ocupan una lista prescindible—, fueron mis maestros.
Coetáneos todos, existentes algunos y finados otros (pero redivivos siempre), que convergen con mi línea de tiempo.

Del kinder a la primaria: 7 años. De la primaria a la secundaria: 3 años. De la secundaria a la prepa: 3 años. De la prepa a la carrera: 4 años. De la carrera a la maestría: 3 años. De la maestría al doctorado: 2 años. Más los años intermedios en el EIA 4/la Esmeralda/INBA, Casa del lago, idiomas, cursos y talleres: 5 años más o menos. Más los tiempos como profesor: más de 30 años. La escuela fue y ha sido siempre mi casa.
Por eso, un agradecimiento especial a mis maestros, tutores y asesores, que durante años me guiaron en el conocimiento y la construcción del yo profesional. No incluyo a varios por olvido de sus nombres, pero están presentes en lo que ahora soy y hago.

En la primaria Lic. Atenedoro Monroy (1978-1984):
- Maestras Martina, Rosita y
Graciela

En la secundaria núm. 40 don Melchor Ocampo (1984-1988):
- Sergio Carreón Fernández (dibujo, óleo, acrílico, gouache, carpintería, tipografía, batik, serigrafía, grabado en relieve, esgrafiado, teoría del color, arte plumario, encausto)
- Maestros Rebollo, Miguel Yáñez, Victoria, Flora Miyamoto Chong (matemáticas, química y biología)

En la EIA 4/INBA (1988-1990):
- Telma Botello López (pintura)
- Marilú Torres Kato (dibujo)
- Fernando Gálvez (modelado en barro, cartonería y talla directa en madera)
- José Guadalupe Sámano (grabado en relieve)
- Tomás Ortiz (grabado en relieve)

En el Taller libre de grabado en relieve Casa del lago/UNAM (1986-1990):
- Marco Antonio Albarrán Chávez
- Fernando Ramírez Espinosa
- Ricardo Morales López

En la ENPEG/INBA (1990):
- Mario Rangel Sánchez (Dibujo)
- Juan Martín Kanagusico (modelado en barro)

En la ENAP/UNAM/licenciatura (1990-1994):
- Luis Nishizawa Flores (técnica de los materiales de pintura)
- Alfredo Nieto (técnica de los materiales de pintura)
- María Luisa Morales (técnica de los materiales de pintura)
- Miguel Ángel Suárez (técnica de los materiales de pintura)
- José de Jesús Martínez Álvarez (grabado en metal)
- María Eugenia Figueroa (grabado en metal)
- Antonio Yarza (grabado en metal)
- Aureliano Sánchez Tejeda (Dibujo)
- Florida Rosas López (dibujo)
- Daniel Manzano Águila (metodología de la investigación y Seminario de titulación del libro alternativo)
- Pedro Ascencio (Seminario del libro alternativo)
- Víctor Hernández Castillo (Seminario del libro alternativo)
- Mario Rangel Faz (grabado en metal)
- Ingrid Reinhold (costos y presupuestos)
- María del Carmen López (educación visual)
- Edith Velasco Flores (geometría)
- Rosario García Crespo (teoría del arte)
- Patricia Quijano (pintura mural)

En la FAD/UNAM/maestría (2002):
- Elizabeth Fuentes Rojas (metodología de la investigación)
- María Eugenia Quintanilla (Taller de producción)

En la FAD/UNAM/maestría (2008-2010):
- Daniel Manzano Águila
- Fernando Zamora Águila
- Francisco Plancarte Morales
- Jaime Alberto Resendiz González
- Mercedes Sierra Kehoe

- Marco Antonio Sandoval 


En la FAD/UNAM/doctorado (2010-2013)
- Daniel Manzano Águila
- Fernando Zamora Águila
- Francisco Plancarte Morales

Cursos y talleres
- Constantino Rábago (arqueología y antropología, 1986)
- Erika Ceja (encuadernación)
- Beatriz Berndt (Ilustración en el libro siglos XV al XVIII)
- Juan Martín Prada (estética y teoría del arte del siglo XVIII)
- Laurette Godinas (paleografía latina)
- Eliana Campiña Zaragoza (Alemán, 2024).
- Marina Garone Gravier (estudios del libro)
- Calíope Martínez (imprenta del siglo XIX)
- Víctor Bañuelos (imprenta del siglo XIX)
- Antonio Rubial (religión en Nueva España e historia universal, 2024)
- Gisela von Wobeser (arte novohispano, 2024)
- Abraham Villavicencio (arte novohispano, 2024)

Asistencias, tutorías y apoyos
- Alejandro Ehrenberg
- Jan Hendrix
- Luis Lopez Loza

- Mario Rangel Faz




lunes, 13 de abril de 2026

EL DOLOR DEL MAESTRO

 


El maestro tiene en contra el salario, que es y ha sido siempre una labor lastimada por el dinero. Y tiene en contra la demagogia, esa que lo señala como responsable de todo problema educativo. ¿Y los sistemas, y los padres de familia, y los alumnos? ¿Cómo manifiesta el maestro su dolor cuando él mismo ya no es ni representa un epítome de conocimiento y autoridad moral? Aunque en el maestro recae el mayor peso de todo factor educativo, los sistemas bloquean sus recursos, los alumnos entorpecen sus labores y los padres de familia lastiman sus funciones. Los sistemas dependen de los programas, y los programas de las decisiones institucionales, del gobierno. Los alumnos dependen de los sistemas y éstos también de los consorcios sociales y culturales. Los padres de familia son parte de un sistema y a la vez son herederos de una educación moldeada por ella misma; y por decisión propia desde luego. A la sociedad no la mencionamos pero está incluida pues es en cierto modo, sinónimo de sistema, de cultura y de institución, de todo.
Pero al maestro le duele lo directo, lo que hacen o no hacen sus alumnos. Al alumno ya no le interesa aprender, sino imponer. No le interesa reflexionar, sino soslayar. No se quiere comprometer, sino entretener. No sabe cómo implicar ni responsabilizar, pero sí evadir, evitar, ahorrar, juzgar, grillar y regatear. —¡Pero no todos y no en todas las escuelas!— diría el comentario opositor. ¡Obviamente!, si particularizamos perdemos el foco, por eso el problema debe verse en perspectiva.
En las aulas el alumno es un ente más pasivo que activo, es un receptor. El maestro por el contrario, para impartir su clase la debe preparar, debe supervisar, debe calificar, se debe actualizar, debe modular su sistema frente a las respuestas, debe investigar y debe estimular el pensamiento crítico, todo esto bajo una actitud asertiva para mantener la clase viva. Por eso es insostenible que las actitudes descalifiquen y califiquen maestro, que lo maltraten, lo señalen y lo juzguen, mientras que al estudiante le amplíen el espacio cada vez más para justificar las indolencias de todos, para vanagloriar lo identitario y para evadir la responsabilidad de mostrarle el camino correcto.
"Aristóteles fue alumno de Platón durante 22 años, antes de proclamar sus desacuerdos, de darse el derecho de decir. Probó su excelencia antes de darse, y cuando lo hizo, no humilló a su maestro" (Antaki). Los alumnos ahora critican sin saber, proponen sin entender, evalúan porque sí e insultan al profesor. Y las instituciones colaboran en el delirio: destruyeron los exámenes, sobajaron las tesis, hicieron de los grados un mérito de pacotilla, exaltaron la antigüedad académica, inventaron las competencias como un modo de gestión curricular, cuando en verdad son justificantes de falta de capacidad; hicieron a un lado la disciplina y la suplieron con el apapacho, en donde metieron la procrastinación, el lenguaje inclusivo y la sicología; nunca previnieron las saturaciones, ni los presupuestos ni los problemas de transporte; y nunca retomaron, como aquellos gloriosos años de prospección educativa, que a través de una buena educación se podrían vislumbrar horizontes de progreso, nacionalidad y construcción, de humanización, de civilización.
Los maestros ahora se deben inclinar al alumno, le deben pedir permiso, deben ser flexibles con ellos y se deben dejar evaluar por ellos; y para ser políticamente correctos —aunque no crean en eso y estén convencidos de que está mal—, ni siquiera lo pueden comentar. ¿Que hay maestros malos y que bien cabe implicar el factor democrático para enaltecer el respeto y la igualdad? Claro que hay malos maestros, como hay malos alumnos, malos padres, malas instituciones. El sazón del caldo que hace a la educación se hace con todos los ingredientes, pero no olvidemos que la democracia no ayuda siempre a aplanar las cosas y que el respeto se hace con el establecimiento bien definido de jerarquías. ¿Cómo va a saber un estudiante lo que requiere, lo que debe, lo que no debe?
Como hay malos maestros, hay cada vez menos casos de excelencia en los alumnos ¿Entonces para qué tantas becas, tantos apoyos, tantos intercambios, donaciones y permisos? El alumno aprende rápido de esto, se da cuenta que con el mínimo esfuerzo pasa la materia, pasa el extraordinario, le dan la beca, se va al extranjero. Mientras tanto, el maestro aboga por más horas, por definitividades, por escalafones, por llenar su currículum, por complementar su salario, por atender peticiones para sus superiores, por llenar los informes, por tolerar humillaciones.
La labor del maestro requiere cada vez más de alumnos dispuestos, pero las aulas están llenas de estudiantes de los que solo uno o dos valen la pena. Al maestro le demandan más, al alumno cada vez menos. Al estudiante lo hacen ver de una carne y hueso hipersensibles, al maestro parece vérsele como de madera o cartón. Eso inexorablemente lo frustra, lo desanima, lo hace sentirse menos, le duele.
Los sistemas rigen, pero también descorrigen. Enseñar ya no es la idea epitética de loabilidad, herencia, tradición y máxima expresión humanas. Educar es un trabajo más para ganar dinero. Aprender es un pretexto para tener trabajo. Sí, como tradición, pero a un nivel cada vez más deplorable, por cumplir más que por saber, por el documento más que por conocimiento. Esto debe dolerle a la sociedad, no sólo a los maestros. Dolor en el deterioro social, en la falta de civilidad, en la carencia de proyectos que vayan más allá de lo material. Ver la labor del docente como un mero trámite hace así al maestro un tramitario, un vehículo, no un transmisor; un juguete del sistema en vez de un eje rector. ¿De quién es la culpa? Buscar culpables sin un retrovisor es una búsqueda estéril, porque la construcción de una sociedad es de cada integrante de la misma. Y porque cuando se buscan culpas es porque no se asumen responsabilidades.
La estera en donde se recarga el maestro para subsistir es su trabajo mismo, su aula, su taller, su laboratorio, sus extensiones/complementos. Lo que le duele al maestro es un síntoma importante de un gran padecimiento social, que por cierto, él padece al mismo tiempo que enaltece. ¿Es entonces víctima y gestor a la vez? Sí y no ¿Que por qué? Porque esto no es un mundo de buenos y malos, sino de responsables e irresponsables en un mundo irresponsable. Con la debida anestesia, claro.


Una cita de Ikram Antaki sobre la defensa del maestro, para reafirmar:


"Tenemos hoy día la demagogia de considerar que los problemas de la educación se generan cuando los maestros son malos. No nos atrevemos a decirles a los alumnos: —Ustedes son malos—. Muchos alumnos no vienen a aprender, sino a enjuiciar y a grillar. Pequeños jueces ignorantes de 17, 18 años que no saben, porque no pueden lógicamente a esta edad saber. Que no conocen las reglas del derecho ni la larga experiencia del abogado; y que nadie, salvo ellos mismos, se han nombrado jueces. Vienen y decretan: —Esto está bien, esto está mal, yo lo haría de esta manera... Desde lo alto de su chaparro conocimiento, de la estrecha llanura de su vida ¡Ya basta!".

(Podcast Ikram Antaki)

viernes, 3 de abril de 2026

LA ETERNIDAD

 


Conocí a un hombre en el desierto, un anciano terso. No me sorprendió verlo ahí, sino cómo había sobrevivido en ese lugar por años. Me dijo con serenidad que eso no tenía importancia. Me llevó a caminar con él por las dunas. Nos sentamos a contemplar el crepúsculo. Me pidió que no parpadeara hasta que se metiera el sol y que guardara silencio. Sin darme cuenta el cielo se apagó y con ello, mi concentración. Enjuagué mis ojos y respiré hondo. Busqué al viejo pero ya no estaba.
Intenté regresar a mi base pero no la encontré. Me sentí perdido al principio pero luego me acostumbré a estar solo, a no comer, a no aburrirme. En un santiamén pasó una eternidad. Me topé con un joven extranjero. Me preguntó cómo había sobrevivido ahí por años. Para mí no tenía ninguna importancia. Entonces, para contestar su respuesta y sin usar el lenguaje, le pedí que me acompañara a caminar por ahí. Le mostré el portal para que viera por sí mismo, y me fuí.