miércoles, 26 de agosto de 2026

LA CLASE DEL INFINITO

 


No importa que no entiendas. Importa que hagas tu agenda. Es el primer paso, acuérdate. Si lo haces bien, lo demás viene en cascada.

Te hice enojar a propósito, para provocarte, porque te negaste a cumplir tus tareas. Pero tu ego se interpuso tanto, que no viste por qué lo hice. Es el dilema de la gente, verse el ombligo en vez de levantar la mirada. Y por otro lado, no asumir lo propio, echándole la culpa a lo demás.

Aprender una profesión no sólo es conocer de una disciplina, es aprender a ser disciplinado.

¿Haces tus tareas para la calificación o para tu desarrollo profesional? Son cosas distintas y tú lo sabes. Lo que hagas —sea por imposición o por iniciativa—, debe ser medido con mucho tino, de otra manera no tendría sentido.
Otra vez: —No te pongas en primer plano, haz las cosas por el infinito, no por tí—.

Me dan risa los que presumen que han estado en Nueva York, Londres, París, Egipto, África o Argentina. Yo nunca he ido a ninguno de esos lugares, pero he estado en el fondo cósmico.

Mi pase de bordar no es de aerolínea, es de fibras que interconectan lugares y tiempos. Me subo en una de ellas, y aparezco en los confines del universo. Ellos toman fotos y traen souvenires baratos. Yo observo lo que veo, lo guardo en mi costado y regreso con objetos etéreos, que solo pueden verse en los sueños.

Si me vas a regatear la calificación ya no tenemos nada que comentar. Los hilos que mueven el universo también se rompen.

La prohibición no es negativa si se sustenta en la legalidad y la moral. Lo que se prohíbe en el aula debe ser bajo un estricto control pedagógico, en donde cabe la actitud, la disciplina del profesor y el respaldo institucional. Esperar que los estudiantes no usen o usen correctamente los celulares por iniciativa propia no tiene sentido si el profesor no plantea con solidez sus directrices y no lo demuestra él mismo con su ejemplo.

No pienses en tus metas colectivas, porque no existen. Construye tus propias líneas. Estamos solos, y la soledad no es una tragedia, es un poder. Lo demás que no es uno es el universo. Si quieres ser tú mismo, aprende a andar solo.

Las fotitos de lo que haces y subes a las redes son una justificación para tí y para los demas; son el alimento del ego individual y universal. Que no subas nada no significa que no haces nada, al contrario, estás tan ocupado y concentrado en lo que haces que no te interesa reafirmarte ni justificarte para los demás. Los demás son tú.

Entre las gotas de lluvia y los objetos circundantes se genera un espacio estereoscópico. Cuando logres descifrar lo que se ve a través de la lluvia, habrás visto el infinito.

¡Ah!, que estás muy ocupado viéndote el ombligo, ¿verdad? Bueno, ya que estás en eso, sácate la pelusa del ombligo y mírala en el microscopio, a ver si ves algo de ti mismo entre las células muertas.

Ahí vas otra vez: la perfección que buscas no está en el maestro perfecto que quieres, está en lo que no ves de ti mismo, que no es tuyo, es del infinito.

Los chismes están hechos de reafirmación social, son un constructo inverosímil para el universo. Cuando dejas de chismear, ves más allá de las personas, te desprendes del constructo y te ves a ti mismo. Déjalos, no los juzgues, habla con ellos pero no los tomes en serio, porque ellos nunca te tomarán en serio, te usarán para reafirmar su propio autorreflejo.

En el infinito no hay ruidos, ni olores, ni humores, ni esperanzas, ni tragedias, ni aspiraciones, ni metas, ni descansos, ni locuras, ni equidades, ni sueños, ni logros, ni desencantos, ni amores, ni traiciones, ni ganancias, ni conveniencias, ni nada de nada de lo que somos ni hacemos acá en la tierra ¿Por qué entonces deberías hacer tu tarea y ser el mejor? Porque allá afuera está lleno de todo lo que no somos ni conocemos. ¿No comprendes, verdad? Me lo imaginaba, regresamos al mismo punto.

Si no lees, no tienes manera de construir nada. Cuando lees se escucha una voz interna que te dice más cosas. Ya sé, no todo es leer, también está: programar tus sueños, observar las nubes, ver los huecos entre las formas, atrapar fantasmas en el viento, atravesar la mente de las personas, caminar sobre los sonidos de los animales, meterte entre los muros... ¿Tampoco haces eso? ¡Uy chavo!, empieza por dejar tu celular en paz.

Tienes perro ¿verdad? Sácalo a pasear. Los perros ven cosas que tú no ves. Si estás atento a él en vez de estarlo jaloneando y regañando, te mostrará lo que ve, entonces él te paseará a ti.

En la escuela tenía un cuate que me seguía a todos lados y me copiaba lo que hacía, al mismo tiempo era grosero, rebelde e impositivo. Cuando nuestro camino se bifurcó, yo me fui por una vereda llena de espinas, él se regresó sobre sus pisadas. Si no tomas riesgos, no serás más que una calca chafa de otros. Trazar tus propias rutas es como caminar por el borde de un precipicio, si no tienes equilibrio, lo más probable es que te caigas.

¿Qué haces con tu tiempo libre? Si le preguntas eso a cualquiera, inconscientemente lo tomará como una intrusión a su vida privada, y aunque no te lo diga, pensará que qué te importa y lo más probable es que te diga mentiras. La verdad es terrible: no existe el tiempo libre. Lo que hacemos con el tiempo no depende de ataduras y libertades, sino de decisiones, y aquí sí, nadie quiere hacerse responsable.

Estar ofendido por todo y por cualquier cosa es la manera más eficaz de hacerse el ciego y el tonto.

Un señor que vende jugos en la esquina se molesta porque la gente pasa con su perro y como es natural, tienden a quererse orinar. Los maldice y comenta que ojalá no existieran los perros. A un lado de su puesto mandó construir varios locales, uno de ellos lo renta para la venta de croquetas y amenidades para mascotas; tampoco eso le molesta, cuando debería. Los domingos vende tamales en vez de jugos, y varios clientes que le compran llevan a sus perros; eso tampoco le molesta, y también debería. Cuando pasa el camión de la basura, recoge las cáscaras de las naranjas de su puesto y el camión deja un caminito pestilente de jugo podrido por toda la colonia, que a todos molesta pero nadie le dice nada.
¿Qué entendiste de esta historia? No, no es la parte moral lo importante.

La relación de fuerzas entre lo que sucede y lo que decidimos hacer es y no es controlable. El infinito decide.

Conforme la gente crece, se hace a la idea de que adquiere cierto tipo de autoridad e independencia, y en vez de pedir consejo y mantener un eje, se enoja si alguien más sabio lo corrige. La humildad se pierde cuando las barreras que sostienen el equilibrio de todo lo que existe se rompen.

El agua quieta es como el cristal, tiene un nivel perfecto, y parece espejo. El corazón de un hombre sabio es tranquilo y nivelado, por eso, es el espejo del cielo y de la tierra, el cristal de todo. Sé como el agua quieta, mira dentro de ella, y vete a ti mismo.

Las uñas y el pelo no duelen cuando te los cortas, pero si tienes un milímetro de ego, es suficiente que te roce una mosca para que te haga pedazos.

El músico solo habla de música. El pintor solo habla de pintura. El escritor solo habla de escritura. El político solo de política. El mago de magia. El doctor de medicina... El que no es músico, ni pintor, ni escritor, ni político, ni mago, ni doctor ¿de qué habla?

El que no habla de nada no habla, vive en el infinito.

La adicción más grande de cualquier persona es verse a sí mismo todo el tiempo.

La atención sobre el mundo es en realidad un reflejo de nosotros mismos. Por eso te dije el otro día que no hagas nada para tí, sino para el infinito; solo así lo harás bien.

Cuando vayas al supermercado fíjate bien en lo que hace la gente. No va por su despensa y ya, va porque necesita mantener su membresía como interlocutor con los demás. Cualquier experto te dirá que es normal porque el ser humano es un ente social. Pero el inventario del súper es exactamente igual que el del ser humano: con pasillos, estantes, clasificaciones y bodegas, con gente que busca lo que cree que necesita y compra lo que no utiliza o lo que sabe que le hace daño. Pero en el súper no se venden verdades ni sueños redimidos, eso está afuera, y se paga con tiempo de vida.

Cuando entraste a la universidad el primer día tenías la cara llena de júbilo, y ponías atención al grado que ni parpadeabas. Pero en pocos días tu atención se fue diluyendo y tu júbilo se convirtió en costumbre, rutina y queja. Es un dilema universal que nos aqueja a todos, no sabemos sorprendernos sin poner nada a cambio. Quebramos nuestras ilusiones inconscientemente a propósito.

Aprendemos rápido a criticar a los demás, pero nunca aprendemos a escuchar el sonido del viento, ese que sopla en el vacío total, en la sobriedad.

La prisión del mundo es el universo que nos imponemos nosotros mismos, el espacio que nos hace minotauros de nuestros propios laberintos.

El otro día me encontré con Juan Rulfo en las montañas, no me saludó ni nada, pero caminamos juntos un rato; nos siguió un perro ladino. Me mostró una planicie árida, como las que narra en "Luvina", y me señaló un casco viejo y en ruinas. Entramos. Anduvimos entre piedras secas, cascajo, muebles rotos y losas derruidas. Ningún sonido, ninguna hora, ninguna época, ningún lugar, ningún Rulfo. Solo el perro.

No todo cabe en la dicotomía de —me gusta o no me gusta—. Debes elegir con inteligencia. Si eres ignorante te comerás ese delicioso pastel sin saber que está envenenado.

Lo que gastas en materiales, transporte, alimentos, renta y otros gastos no es para cumplir el capricho de tus maestros. Es parte de un esfuerzo que complementa tu desarrollo profesional, tu capacidad de ser responsable y sobre todo, el esfuerzo de ser quien quieres ser estudiando. Si no te das cuenta de esto, renegarás siempre que son gastos inútiles, que tus materiales ya no los volverás a usar, te quejaras de que tu escuela está muy lejos, etc. Pero no incluirás en el paquete el factor más importante que determina todo esto y lo demás: Tú.

Cuando te des cuenta que el tiempo que perdiste no se desdobla, habrás entendido que nada importa más que hacer lo que debes hacer a toda costa, sin pensar en ganancias personales. Luego viene que hagas algo con eso.

El diálogo interno se construye con una revisión constante de la interacción con nuestro prójimo. Piensa en algo que no tenga que ver con algo dicho o hecho por la gente. Cuando lo logres, se abrirá una rendija para ver el infinito.

El éxito de lo que dices, haces o piensas no se mide con likes en las redes sociales. Basta con que esté cargado de una buena dosis de impersonalidad.

Lo importante es aprender a cuestionar, a dudar, a abrir más espacio, porque el conocimiento no es de nadie y lo que se puede saber es apenas una partícula del universo ¿Sí lo sabes, no?

No podemos decir con orgullo que la UNAM es una de las mejores universidades cuando uno mismo no es uno de los mejores alumnos, profesores o trabajadores de la UNAM.

Hay maestros estrictos de dos tipos: los que exigen porque saben conjugar un equilibrio entre autoridad, respeto y conocimiento. Y los fanfarrones, que se hacen pasar por estrictos cuando en realidad son groseros e ignorantes.

Cuando acabes tu carrera no serás experto en lo que estudiaste, apenas habrás tendido el tapete para hacer de lo que aprendiste un camino de inicio. Lo que pase después dependerá de tí.

La disciplina es un compromiso que se adquiere con desapego, porque lo que define las actitudes responde a lo que uno ve de sí mismo y lo que ve del mundo. Cuando hacemos a un lado la imagen personal, esa que anteponemos para sentirnos importantes, superiores y ofendidos, respetar las reglas no es una imposición, sino un "hacer". Es entonces cuando hacemos lo que tenemos que hacer sin la posición del yo. En pocas palabras, la gente indisciplinada no ve el mundo, se ve a sí misma, por eso reniega de lo que debe hacer bien.
Una vez me preguntaste cómo ordenar tu vida, cómo priorizar tus tareas. No te dije nada porque eso se resuelve en la intimidad. Es como el ADN, lo tienes o no lo tienes.
No se es disciplinado para sentirse nada, es porque no importa. En clase te dije que hicieras las cosas por hacerlas, no por tí ¿Te acuerdas?


jueves, 7 de mayo de 2026

MIS MAESTROS

 

El maestro Luis Nishizawa (hasta arriba), con sus ayudantes y alumnos en un curso en el Museo del Pueblo, en Guanajuato, en 1993.


Si alguien es capaz de generar algún tipo de aprendizaje y por ese simple hecho una noble reverencia, merece sin cuestiones llamarse maestro. Por eso Sócrates, Platón, Averroes, Pitágoras, Marco Aurelio, Plinio, Durero, Einstein, Hawking, Humboldt, Feyerabend, Paz, Portilla, Antaki, De la Peña y una pléyade de doctos y exangües personajes —que caben aquí pero que ocupan una lista prescindible—, fueron mis maestros.
Coetáneos todos, existentes algunos y finados otros (pero redivivos siempre), que convergen con mi línea de tiempo.

Del kinder a la primaria: 7 años. De la primaria a la secundaria: 3 años. De la secundaria a la prepa: 3 años. De la prepa a la carrera: 4 años. De la carrera a la maestría: 3 años. De la maestría al doctorado: 2 años. Más los años intermedios en el EIA 4/la Esmeralda/INBA, Casa del lago, idiomas, cursos y talleres: 5 años más o menos. Más los tiempos como profesor: más de 30 años. La escuela fue y ha sido siempre mi casa.
Por eso, un agradecimiento especial a mis maestros, tutores y asesores, que durante años me guiaron en el conocimiento y la construcción del yo profesional. No incluyo a varios por olvido de sus nombres, pero están presentes en lo que ahora soy y hago.

En la primaria Lic. Atenedoro Monroy (1978-1984):
- Maestras Martina, Rosita y
Graciela

En la secundaria núm. 40 don Melchor Ocampo (1984-1988):
- Sergio Carreón Fernández (dibujo, óleo, acrílico, gouache, carpintería, tipografía, batik, serigrafía, grabado en relieve, esgrafiado, teoría del color, arte plumario, encausto)
- Maestros Rebollo, Miguel Yáñez, Victoria, Flora Miyamoto Chong (matemáticas, química y biología)

En la EIA 4/INBA (1988-1990):
- Telma Botello López (pintura)
- Marilú Torres Kato (dibujo)
- Fernando Gálvez (modelado en barro, cartonería y talla directa en madera)
- José Guadalupe Sámano (grabado en relieve)
- Tomás Ortiz (grabado en relieve)

En el Taller libre de grabado en relieve Casa del lago/UNAM (1986-1990):
- Marco Antonio Albarrán Chávez
- Fernando Ramírez Espinosa
- Ricardo Morales López

En la ENPEG/INBA (1990):
- Mario Rangel Sánchez (Dibujo)
- Juan Martín Kanagusico (modelado en barro)

En la ENAP/UNAM/licenciatura (1990-1994):
- Luis Nishizawa Flores (técnica de los materiales de pintura)
- Alfredo Nieto (técnica de los materiales de pintura)
- María Luisa Morales (técnica de los materiales de pintura)
- Miguel Ángel Suárez (técnica de los materiales de pintura)
- José de Jesús Martínez Álvarez (grabado en metal)
- María Eugenia Figueroa (grabado en metal)
- Antonio Yarza (grabado en metal)
- Aureliano Sánchez Tejeda (Dibujo)
- Florida Rosas López (dibujo)
- Daniel Manzano Águila (metodología de la investigación y Seminario de titulación del libro alternativo)
- Pedro Ascencio (Seminario del libro alternativo)
- Víctor Hernández Castillo (Seminario del libro alternativo)
- Mario Rangel Faz (grabado en metal)
- Ingrid Reinhold (costos y presupuestos)
- María del Carmen López (educación visual)
- Edith Velasco Flores (geometría)
- Rosario García Crespo (teoría del arte)
- Patricia Quijano (pintura mural)

En la FAD/UNAM/maestría (2002):
- Elizabeth Fuentes Rojas (metodología de la investigación)
- María Eugenia Quintanilla (Taller de producción)

En la FAD/UNAM/maestría (2008-2010):
- Daniel Manzano Águila
- Fernando Zamora Águila
- Francisco Plancarte Morales
- Jaime Alberto Resendiz González
- Mercedes Sierra Kehoe

- Marco Antonio Sandoval 


En la FAD/UNAM/doctorado (2010-2013)
- Daniel Manzano Águila
- Fernando Zamora Águila
- Francisco Plancarte Morales

Cursos y talleres
- Constantino Rábago (arqueología y antropología, 1986)
- Erika Ceja (encuadernación)
- Beatriz Berndt (Ilustración en el libro siglos XV al XVIII)
- Juan Martín Prada (estética y teoría del arte del siglo XVIII)
- Laurette Godinas (paleografía latina)
- Eliana Campiña Zaragoza (Alemán, 2024).
- Marina Garone Gravier (estudios del libro)
- Calíope Martínez (imprenta del siglo XIX)
- Víctor Bañuelos (imprenta del siglo XIX)
- Antonio Rubial (religión en Nueva España e historia universal, 2024)
- Gisela von Wobeser (arte novohispano, 2024)
- Abraham Villavicencio (arte novohispano, 2024)

Asistencias, tutorías y apoyos
- Alejandro Ehrenberg
- Jan Hendrix
- Luis Lopez Loza



lunes, 13 de abril de 2026

EL DOLOR DEL MAESTRO

 


El maestro tiene en contra el salario, que es y ha sido siempre una labor lastimada por el dinero. Y tiene en contra la demagogia, esa que lo señala como responsable de todo problema educativo. ¿Y los sistemas, y los padres de familia, y los alumnos? ¿Cómo manifiesta el maestro su dolor cuando él mismo ya no es ni representa un epítome de conocimiento y autoridad moral? Aunque en el maestro recae el mayor peso de todo factor educativo, los sistemas bloquean sus recursos, los alumnos entorpecen sus labores y los padres de familia lastiman sus funciones. Los sistemas dependen de los programas, y los programas de las decisiones institucionales, del gobierno. Los alumnos dependen de los sistemas y éstos también de los consorcios sociales y culturales. Los padres de familia son parte de un sistema y a la vez son herederos de una educación moldeada por ella misma; y por decisión propia desde luego. A la sociedad no la mencionamos pero está incluida pues es en cierto modo, sinónimo de sistema, de cultura y de institución, de todo.
Pero al maestro le duele lo directo, lo que hacen o no hacen sus alumnos. Al alumno ya no le interesa aprender, sino imponer. No le interesa reflexionar, sino soslayar. No se quiere comprometer, sino entretener. No sabe cómo implicar ni responsabilizar, pero sí evadir, evitar, ahorrar, juzgar, grillar y regatear. —¡Pero no todos y no en todas las escuelas!— diría el comentario opositor. ¡Obviamente!, si particularizamos perdemos el foco, por eso el problema debe verse en perspectiva.
En las aulas el alumno es un ente más pasivo que activo, es un receptor. El maestro por el contrario, para impartir su clase la debe preparar, debe supervisar, debe calificar, se debe actualizar, debe modular su sistema frente a las respuestas, debe investigar y debe estimular el pensamiento crítico, todo esto bajo una actitud asertiva para mantener la clase viva. Por eso es insostenible que las actitudes descalifiquen y califiquen maestro, que lo maltraten, lo señalen y lo juzguen, mientras que al estudiante le amplíen el espacio cada vez más para justificar las indolencias de todos, para vanagloriar lo identitario y para evadir la responsabilidad de mostrarle el camino correcto.
"Aristóteles fue alumno de Platón durante 22 años, antes de proclamar sus desacuerdos, de darse el derecho de decir. Probó su excelencia antes de darse, y cuando lo hizo, no humilló a su maestro" (Antaki). Los alumnos ahora critican sin saber, proponen sin entender, evalúan porque sí e insultan al profesor. Y las instituciones colaboran en el delirio: destruyeron los exámenes, sobajaron las tesis, hicieron de los grados un mérito de pacotilla, exaltaron la antigüedad académica, inventaron las competencias como un modo de gestión curricular, cuando en verdad son justificantes de falta de capacidad; hicieron a un lado la disciplina y la suplieron con el apapacho, en donde metieron la procrastinación, el lenguaje inclusivo y la sicología; nunca previnieron las saturaciones, ni los presupuestos ni los problemas de transporte; y nunca retomaron, como aquellos gloriosos años de prospección educativa, que a través de una buena educación se podrían vislumbrar horizontes de progreso, nacionalidad y construcción, de humanización, de civilización.
Los maestros ahora se deben inclinar al alumno, le deben pedir permiso, deben ser flexibles con ellos y se deben dejar evaluar por ellos; y para ser políticamente correctos —aunque no crean en eso y estén convencidos de que está mal—, ni siquiera lo pueden comentar. ¿Que hay maestros malos y que bien cabe implicar el factor democrático para enaltecer el respeto y la igualdad? Claro que hay malos maestros, como hay malos alumnos, malos padres, malas instituciones. El sazón del caldo que hace a la educación se hace con todos los ingredientes, pero no olvidemos que la democracia no ayuda siempre a aplanar las cosas y que el respeto se hace con el establecimiento bien definido de jerarquías. ¿Cómo va a saber un estudiante lo que requiere, lo que debe, lo que no debe?
Como hay malos maestros, hay cada vez menos casos de excelencia en los alumnos ¿Entonces para qué tantas becas, tantos apoyos, tantos intercambios, donaciones y permisos? El alumno aprende rápido de esto, se da cuenta que con el mínimo esfuerzo pasa la materia, pasa el extraordinario, le dan la beca, se va al extranjero. Mientras tanto, el maestro aboga por más horas, por definitividades, por escalafones, por llenar su currículum, por complementar su salario, por atender peticiones para sus superiores, por llenar los informes, por tolerar humillaciones.
La labor del maestro requiere cada vez más de alumnos dispuestos, pero las aulas están llenas de estudiantes de los que solo uno o dos valen la pena. Al maestro le demandan más, al alumno cada vez menos. Al estudiante lo hacen ver de una carne y hueso hipersensibles, al maestro parece vérsele como de madera o cartón. Eso inexorablemente lo frustra, lo desanima, lo hace sentirse menos, le duele.
Los sistemas rigen, pero también descorrigen. Enseñar ya no es la idea epitética de loabilidad, herencia, tradición y máxima expresión humanas. Educar es un trabajo más para ganar dinero. Aprender es un pretexto para tener trabajo. Sí, como tradición, pero a un nivel cada vez más deplorable, por cumplir más que por saber, por el documento más que por conocimiento. Esto debe dolerle a la sociedad, no sólo a los maestros. Dolor en el deterioro social, en la falta de civilidad, en la carencia de proyectos que vayan más allá de lo material. Ver la labor del docente como un mero trámite hace así al maestro un tramitario, un vehículo, no un transmisor; un juguete del sistema en vez de un eje rector. ¿De quién es la culpa? Buscar culpables sin un retrovisor es una búsqueda estéril, porque la construcción de una sociedad es de cada integrante de la misma. Y porque cuando se buscan culpas es porque no se asumen responsabilidades.
La estera en donde se recarga el maestro para subsistir es su trabajo mismo, su aula, su taller, su laboratorio, sus extensiones/complementos. Lo que le duele al maestro es un síntoma importante de un gran padecimiento social, que por cierto, él padece al mismo tiempo que enaltece. ¿Es entonces víctima y gestor a la vez? Sí y no ¿Que por qué? Porque esto no es un mundo de buenos y malos, sino de responsables e irresponsables en un mundo irresponsable. Con la debida anestesia, claro.


Una cita de Ikram Antaki sobre la defensa del maestro, para reafirmar:


"Tenemos hoy día la demagogia de considerar que los problemas de la educación se generan cuando los maestros son malos. No nos atrevemos a decirles a los alumnos: —Ustedes son malos—. Muchos alumnos no vienen a aprender, sino a enjuiciar y a grillar. Pequeños jueces ignorantes de 17, 18 años que no saben, porque no pueden lógicamente a esta edad saber. Que no conocen las reglas del derecho ni la larga experiencia del abogado; y que nadie, salvo ellos mismos, se han nombrado jueces. Vienen y decretan: —Esto está bien, esto está mal, yo lo haría de esta manera... Desde lo alto de su chaparro conocimiento, de la estrecha llanura de su vida ¡Ya basta!".

(Podcast Ikram Antaki)

viernes, 3 de abril de 2026

LA ETERNIDAD

 


Conocí a un hombre en el desierto, un anciano terso. No me sorprendió verlo ahí, sino cómo había sobrevivido en ese lugar por años. Me dijo con serenidad que eso no tenía importancia. Me llevó a caminar con él por las dunas. Nos sentamos a contemplar el crepúsculo. Me pidió que no parpadeara hasta que se metiera el sol y que guardara silencio. Sin darme cuenta el cielo se apagó y con ello, mi concentración. Enjuagué mis ojos y respiré hondo. Busqué al viejo pero ya no estaba.
Intenté regresar a mi base pero no la encontré. Me sentí perdido al principio pero luego me acostumbré a estar solo, a no comer, a no aburrirme. En un santiamén pasó una eternidad. Me topé con un joven extranjero. Me preguntó cómo había sobrevivido ahí por años. Para mí no tenía ninguna importancia. Entonces, para contestar su respuesta y sin usar el lenguaje, le pedí que me acompañara a caminar por ahí. Le mostré el portal para que viera por sí mismo, y me fuí.


domingo, 22 de marzo de 2026

Enseñar y aprender a dibujar (aforismos)



Picasso dibujando en el aire con un haz de luz


— Los dibujos de niños menores de 5 años se deben ver como lo que son, un reflejo de asimilación y representación primitiva del mundo, nunca como una sobreexposición de talentos y logros.

— Festejarle un dibujo mal hecho a un niño es como festejarle que se haga popó en los pantalones. Los parámetros de exigencia formativa deben estar ligados con la realidad que los contiene, de otra manera se generan realidades inexistentes, falsas espectativas, éxitos de papel.

— Entre más temprano se aprende a dibujar, mejor recepción se tiene de lo que es saber dibujar.

— El poder de la conciencia social define la idea que se tiene de lo que es dibujar: algo divertido, informal, sin complejidad, sin seriedad; de lo que se sabe que hay grandes obras pero de lo que no se puede vivir.



— Los padres son los primeros en frenar la intención del joven de dibujar: —¿De qué vas a vivir? ¿En qué vas a trabajar? Te vas a morir de hambre ¿Porqué no estudias algo de verdad?—.


— Si el dibujo es un fin, es porque en él se define un trayecto de principio a fin. Si es un medio, es porque con él o a través de él se construye otra cosa. Si se le excluye con el argumento de que no es necesario o es un impedimento, es porque no se acepta su integridad técnica ni creativa.


— Lo susceptible es lo personal, lo emocional sobre-expuesto, lo condescendiente. Así no se aprende nada, se justifica que no se aprende.

— Conocer los materiales y las técnicas hace al dibujante conocerse a sí mismo.


— Conocer las técnicas no es saber cómo se utilizan, es dominarlas.


— El estudiante cree que si una técnica le sale bien a la primera, con eso ya la conoce bien, entonces decide que le gusta e insiste con ella; entonces lo que le sale mal no le gusta y se aleja. Es al revés.


— La disciplina para dibujar es la misma que se requiere para hacer cualquier cosa.


— El tiempo que se tarda en hacer un dibujo es muestra y reflejo a la vez, de la capacidad de solvencia del dibujante.


— La dificultad de un dibujo se amolda al tiempo. Hay dibujos rápidos que son tan difíciles como los que se llevan mucho tiempo. No hay garantías. Tardarse no es hacer bien las cosas, hacerlo rápido no es hacerlas al aventón.


— La gente que no aprende a dibujar aprende cómo justificar que no sabe dibujar.


— Cuando era estudiante, muchos de mis compañeros que se daban cuenta que no daban una con el dibujo, se hicieron fotógrafos. Los que siguieron en una línea que pedía dibujo, como grabado o pintura, hallaron formas de evadir el dibujo con abstracciones o estilos cachetones. Y otros —los peores—, se hicieron artistas contemporáneos. Ahora se añaden otros al espectro, los que se dedican a la investigación.


— Generalmente los alumnos no saben qué es dibujar; piensan que copiar un molde que les gusta es dibujar.


— El tiempo que tarda un estudiante en aprender a dibujar es relativo en razón de la energía, compromiso, responsabilidad, disciplina y cultura visual que tiene o se autogestiona.


— El alumno que se queja, que se la pasa platicando, usando el celular, que ya se quiere ir o que no lleva sus materiales en plena clase y todavía le pregunta a su profesor que qué hace, es una persona que no sabe qué quiere ni porqué está ahí.


— La capacidad cognitiva aplicada al dibujo es el nivel de atención, asimilación, concentración y sacrificio que aplica el dibujante para hacer su trabajo.


— Después de más de 30 años de enseñar dibujo, puedo decir con autoridad que nunca he tenido alumnos excelentes. Los más sobresalientes se sienten tan seguros, que terminan atascados. Y los demás, ven al dibujo como un mero trámite, como lo ven también las instituciones en donde se enseña.


— Cada vez que califico los dibujos de mis alumnos me imagino en una institución en donde puedo elegir a los que realmente valen la pena.


— Los alumnos vienen muy mal, no saben hacer nada con las manos, tienen una cultura visual deplorable y no tienen enraizado el pensamiento crítico, la capacidad cognitiva.


— Cuando entran a las facultades se dan cuenta inmediatamente que el nivel de exigencia es lo que menos importa y que la identidad, los gustos personales o colectivos tienen preponderancia. Y aprenden, lamentablemente, que cualquier resquicio por donde pueden meter un cambio, un camino corto o un pretexto para no esforzarse, es válido.


— Explico muy bien los conceptos dos veces y cómo hacer los ejercicios, les pongo un ejemplo visual o práctico, pregunto si tienen dudas, si todo está claro. Nadie dice nada. Luego, ya en la práctica, no falta quien me pregunta que qué se va a hacer.


— Quieren ruido, gentío, platicar, mitote... El silencio, la soledad y la concentración los aburre.


— En un curso de dos semestres mis alumnos hacen cientos de dibujos. Cuando termina, se me acerca uno y me pregunta por el manual ideal para aprender a dibujar.


— Si los alumnos están mal, es porque sus maestros, su escuela, su sistema y su país están mal. Y sin embargo, es su responsabilidad, su elección estar mal.


— El talento es una cualidad susceptible de ser útil o inútil.


— El cansancio es reflejo de una inversión de trabajo, sea que valga o no valga la pena.


— El alumno ya sabe que regatear le funciona en otros espacios. Si te regatea como profesor y cedes una pizca, no podrás apretar después.


— Pocos alumnos saben qué hacer con la pluralidad de profesores de dibujo que tienen. Solo ven el cambio de profesores que tienen, pero no procuran un cambio en sí mismos.


— El alumno consciente de sí mismo no posterga, no espera hasta la clase, no se conforma. Busca más allá, se pregunta, se exige a sí mismo, nunca se llena, dibuja más de lo que ve en su clase.


— Fuera de clase los veo caminar por los pasillos con una cámara en el cuello, comiendo, platicando, riéndose. Nunca los veo dibujar.


— Pocos profesores de dibujo saben bien cómo calificar a sus alumnos. Esto es compatible con los pocos profesores de dibujo que saben dibujar.


— Un maestro que imparte dibujo y no sabe dibujar es como seguir pensando que la tierra es plana.


— Enseñar a experimentar a locas no es enseñar a dibujar. Dibujar a locas es anteponer todo factor susceptible a la razón.


— Un maestro pone a sus alumnos a hacer un dibujo de copia por dos meses hasta que les queda. En el ínter de hacerlo, los alumnos platican, comen, escuchan música, dan un trazo cada diez minutos. No aprenden a dibujar, aprenden a postergar lo que puede hacerse en una hora.


— Al comienzo de mi labor docente pensaba que el problema era generacional, propio de la edad o propio del contexto académico. No, el problema es la incapacidad individual de ser responsable.


— Para calificar un dibujo, se debe ser objetivo, y para eso los ejercicios deben ser objetivos en la manera en que se enseñan. ¿Cómo calificas algo que no tiene pies ni cabeza?


— Enseñar a dibujar es enseñar a percibir el mundo. Va junto con pegado.


— Calificar 40 tareas de cada uno de mis alumnos es mi trabajo. Pero calificar 35 tareas hechas al aventón, es una pérdida de tiempo.


— Para evaluar, se ponen los elementos formales a revisar y los elementos antecedentes, lo que ya se enseñó y se debe aplicar por asimilación. Se revisa la técnica, que incluye lo técnico/formal y el manejo de los materiales. Pero otros factores, como la limpieza, la capacidad de elección y el juicio introspectivo, se reflejan en los resultados.


— Los maestros son genios, hablan como si supieran de todo, lo critican todo, están inconformes, algunos son contestones y agresivos. ¡Pero no saben dibujar!


— Un maestro de dibujo elige a sus consentidos, a los demás no los atiende. Hace dibujos peludos, de esos con un montón de rayas y les enseña a sus alumnos a dibujar así. Como sus dibujos se parecen a los mangas y a las historietas de súper héroes, a los chicos les encanta.


— Una maestra de dibujo es impuntual y se va temprano, y lo peor: pone a sus alumnos a "experimentar". Los alumnos no entienden al principio qué es lo que les pide, pero se trata de dibujar a locas, de soltarse, de "sentir" el material, de trazar sin ton ni son porque no importa la técnica, sino cómo se siente. Al final los alumnos "entienden" lo que deben hacer, pero la maestra, como no tiene parámetros racionales para lo que les pide, no sabe al final del curso cómo calificarlos.


— Tuve un maestro de dibujo cachetón. Entraba al salón con una grabadora y ponía a todo volumen una música extrana en francés. Y luego, a gritos, pedía que se trazara sin parámetros, rayando el papel como si se tallara una prenda en el lavadero. Lo más irrisorio es que había una modelo y cada cinco minutos el maestro cambiaba la pose.


 Darse cuenta es el primer paso para aprender bien. Y eso no tiene nada que ver con que les guste, se identifiquen, tengan al maestro ideal o esté cerca su escuela.


 Tener cultura visual es un proceso muy largo y doloroso. Lleva años, nunca se acaba y exige hacer sacrificios. Es una tarea paralela a aprender las técnicas. Muy pocos aprenden a dibujar, pero casi nadie sabe dibujar y tener cultura visual a la vez.


— Dibujar sin saber dibujar no es dibujar, es aprender a dibujar. ¿Se trata de que algo este bien o mal? No, se trata de dilucidar el proceso de aprender, no de dar por hecho cualquier trazo.

— Cuando se encuentra un modo de resolver se deben agotar los resultados y pasar a otra cosa. De otro modo el dibujante ya no se busca, se auto complace.

— Lo que se dice con dibujo no se puede decir con otra cosa, pero eso no significa que cualquier cosa en cómo se dice y lo que se dice valga la pena.

— Los dibujos bellos no son los bonitos que a todos les gustan. Son los que suman una mezcla entre sencillez y complejidad, y que reflejan con exactitud, una proyección representativa del mundo.

— En mis clases de dibujo los ejercicios rápidos son siempre más complejos para mis alumnos que los dibujos prolongados. No es la presión de hacerlos rápido y que no los terminan, es que no saben que los dibujos valen por su nivel de exigencia, no porque son bonitos.

— Conceptualizar los conceptos de dibujo es tan complejo como domar la mano y el ojo. Se debe insistir en comparar y cuestionar lo que se hace, en desestabilizar lo establecido, en hacer del acto de dibujar una acción intelectual suprema.

— En la enseñanza del dibujo se debe abarcar un espectro amplio que incluya variedad de tiempos, velocidades, tamaños, conceptos, actitudes, ejemplos y referentes, sin perder de vista la cultura visual que lo respalde.

— ¿Si se deja de dibujar se pierden facultades? No exactamente. No es como andar en bicicleta.

— Saber dibujar es saber dibujar. Esto aplica a cualquier disciplina en donde se enseña dibujo.

— El nivel de atención sobre lo que se dibuja es el foco que determina lo que se quiere dibujar. El que no logra hacer eso no aprende a dibujar nunca.

— Si le quitamos lo artístico al dibujo, tenemos un oficio, no un intento de pertenencia.

— Se debe dibujar todo tema y motivo, para modular la percepción, para establecer criterios comparativos, para hacer de la mano un instrumento universal. El experto en algo es ignorante en todo lo demás.

— Planas de líneas rectas, de líneas curvas, de figuras geométricas, con la mano derecha, con la mano izquierda, como cuando aprendimos a escribir.

— La dignidad en dibujo es cuando se reconoce que algo se gana y algo se pierde. No todo es gloria, los fracasos enaltecen.

— Dibujar de la misma manera so pretexto de que es un estilo, es justificar lo injustificable.

— Buscar un estilo no es buscar nada. El estilo es consecuencia, no principio.

— El que sabe dibujar no dice que sabe, lo demuestra


— No se aprende a dibujar con práctica constante, se aprende con la constante práctica de ver el mundo y de verse a sí mismo.

— Si me preguntaran con cuántos alumnos me gustaría trabajar, diría que no es el número sino la intensidad con que se comprometen. Y ahí sí, me quedaría con dos o tres de los cuarenta que tengo cada año.


— La conexión entre saber ver, saber elegir del mundo, dominar las técnicas y saber qué decir con el dibujo, es dibujar.


— Mis primeros dibujos fueron iguales que los de cualquier niño de 5 años. Los que hice a los doce ya no tenían nada que ver con los de los demás. Con la edad se definen modos de ver y en consecuencia, de hacer.


— Si no existe el entorno adecuado para hacer a un buen dibujante, se debe crear uno. Estar en una escuela en donde se enseña dibujo ya es tener un entorno propicio. Otra cosa es que algo germine.


— Saber ver es un acto inteligente, si no lo fuera, cualquiera sabría dibujar.


viernes, 13 de febrero de 2026

PIEZAS DE LEGO

 


Distendí muy bien mis argumentos. Tendí mis ideas, haciéndolas coincidir con las del proyecto, las de la institución y las del modelo civilizatorio, como hace la mucama con las sábanas limpias, para que les dé el sol y queden frescas, blancas y perfumadas. Pero convertí mi tiempo en su tiempo. Recorté mi salario intelectual, para así podernos ver debajo de la mesa, no por encima. Edifiqué unas estructuras bien medidas, primero con piezas de lego, aunque ya no pude después con materiales de verdad. Adapté mis maquetas, les quité piezas, alteré las escalas (a la medida de ellos), dejé zonas sin retocar. Regresé a la bibliografía básica; les propuse otra, pero no la leían, no la comprendían. Preparé el motor para volar, pero a la mera hora tuvieron miedo; otros se enojaron, me señalaron entre ellos y se decían que qué me pasaba. Apagué el motor, les dí chance una y otra vez, y no. Querían volar de avioncito, con los brazos abiertos y corriendo en círculos mientras hacían trompetillas. Les grité al pie del avión que podían subir, que el motor estaba encendido, pero no. Unos me ignoraron, otros ve veían mientras seguían con las trompetillas y otros más me mentaron la madre. No los oí pero leí sus labios.
Arriba en el cielo volaban otros aviones, de diferentes especies. Un amigo allá arriba me llamó por el walkie talkie: —Qué demonios haces ahí?— dijo riendo.
Perdí mis esperanzas. Me subí a mi avión y los dejé atrás. Cobrando altura miré hacia abajo y los ví, haciendo cabriolas, entre piezas coloridas de lego, como en sus maquetas.

miércoles, 11 de febrero de 2026

APOTEOSIS VISUAL

 



" "El árbol gris" y "Composición 2 en rojo, azul y amarillo" Piet Mondrian

Los árboles de Piet Mondrian establecen una jerarquía equilibrada entre la forma y el espacio. Los cuadros rojos, azules y amarillos, por su parte, son más una glorificación conceptual que una proposición formal. En los árboles hay complejidad, en los cuadros de colores hay simpleza y concreción.

Los focos históricos que dieron origen al diseño actual son muchos: la invención de la imprenta, la fotografía, las técnicas fotomecánicas, la prensa, la tipografía... La Bauhaus es apenas un remanente consecuente de más de dos mil años precedentes.

La técnica de pintura al óleo es hija de la pintura al temple, y ésta de la pintura al fresco. El óleo no es ensalzado por su dificultad, sino por su predominancia histórica, apenas de 500 años.

La aceptación del figurativismo por sobre el abstraccionismo es respuesta a un modo de interpretación del mundo, coincidente con un tipo de afiliación social, no con una valoración estética real. No es que sea mejor, no. Es que es coincidente con la idea de lo que es el mundo visual: algo reconocible, aunque no se sepa nada de él.

El empleo dominante del rectángulo como formato universal es respuesta a factores prácticos de utilidad y usabilidad, íntimamente vinculados a múltiples modalidades perceptivas y representativas: perspectiva, proporción, ergonomía, masa, una pizca de tradición y modulabilidad.

La cultura de la pantalla es cada vez más una reafirmación de una realidad hecha con luz artificial.

La necesidad como justificación de producción visual tiene varias jerarquías, todas ellas determinan un tipo de visión sobre su disciplina: expresión, persuasión, satisfacción, comunicación, contraposición, dominio, posicionamiento, tradición, exaltación o simple locura. ¿Razón?, muy poca.

La composición es la relación espiritual entre la belleza y la aspiración a la perfección.

"El buey desollado" Rembrandt 


En "El buey desollado" de Rembrandt, lo bello es primero, lo plástico de la pintura, cómo está hecho. Segundo, la relación entre el phatos y el cuerpo, imagen cárnica que remite inexorablemente al memento mori. Y tercero, lo terrible como lo horrible, lo feo como lo trágico, lo extremadamente sensible como lo irremediablemente temporal. Por eso es bello.

Lo simplemente bonito es lo simplemente bien hecho pero hueco. Lo cursi es lo bien o mal hecho pero pretencioso. Y lo sobrio es lo bien hecho y a la vez asertivo, suficiente pero no tanto para ser genial. Lo genial es de otros niveles, de otro planeta.

"La Gioconda" Leonardo da Vinci

Lo apoteótico de la Gioconda no está en el supuesto misterio de su sonrisa, ni en su mirada, ni en las manos, ni en el paisaje de fondo. Se encuentra en la unidad de cada una de sus pinceladas, que son a su vez, la incólume proyección espiritual de una mano distendida, que supo transformar lo terrenal en "lo divino" para trastocar su realidad taciturna. Nadie puede comprender eso si no es pintor. Y ningún pintor puede sentirlo si no es Leonardo da Vinci.

"Mujer llorona" Picasso

No todos los Picassos son Picasso. Lo que es de Picasso es lo incomprensiblemente replanteado e inventado. Lo demás son rostros chuecos.

El arte del artista no es pretender serlo, sino serlo al mismo tiempo que pretende hacer arte sin pensar que lo sea.

Lo descriptivo, lo simbólico, lo metafórico, lo visceral, lo terrible, lo decorativo, lo histórico, lo costumbrista, lo religioso, lo banal o lo cotidiano. Formas congruentes o coincidentes de abordaje a los temas en el arte; como formas plásticas con qué "decirlos".

La obra anónima no intercede identidades para hacerse ver, entender y valorar. Su anonimato permite vislumbrar su compromiso espiritual, no su posicionamiento social.

Festejarle un dibujo mal hecho a un niño es como festejarle que se haga popó en los pantalones. Los parámetros de exigencia formativa deben estar ligados con la realidad que los contiene, de otra manera se generan realidades inexistentes, falsas espectativas, éxitos de papel.