jueves, 8 de octubre de 2020
sábado, 26 de septiembre de 2020
LO ESPIRITUAL Y LO SEGLAR EN "EL MANANTIAL DE LA DONCELLA" DE INGMAR BERGMAN
LO
ESPIRITUAL Y LO SEGLAR EN "EL MANANTIAL DE LA DONCELLA" DE INGMAR BERGMAN
Entre olores
e imaginaciones, entre palabras, susurros y vislumbres transcurre la idea del
campo medieval. Los contrastes son sutilezas desgajadas a mano con datos
precisos e inmediatos, pero disueltos entre prejuicios. En estas vicisitudes
propias del siglo XIII, enmarcadas con ropajes, muebles firmes, hierbas
salvajes, trabajo campestre, lenguas germanas e imágenes coloridas en blanco y
negro, transcurren los hechos.
Karin hija de Tore (interpretado por el
eminente Max von Sydow, cuya firmeza y temple de rostro ayudaron mucho a
generar el carácter del “señor medieval”) heredera del cristianismo diseminado
al norte de Europa, y contaminada con la idea del fervor y el ánimo divino,
emprende su viaje de muerte ¿No es este viaje inevitable? ¿No son las amarras
suficientes para ver y entender el viaje definitivo? El trayecto idealizado de
Karin está más allá de las contiendas terrestres ¡es un viaje espiritual! No
hay comienzo ni fin, ni tierra ni aire, sólo trayecto. Los dioses nórdicos
apenas permanecen, tan solo en un hálito de supervivencia en Ingeri, embarazada,
traicionera al principio y redimida al final.
El viaje de Karin es como el de Alicia,
como el de Dante, como el de Cristo descendiendo al inframundo. Hay un puente
entre el aquí y el más allá, un limbo en el limbo.
Es aquí y ahora, la muerte está allá en la
vida; los subterfugios de la cotidianidad contienen a la divinidad, la
contienen en sus dos acepciones: la rechazan y la tienen. El fantasma del otro
o de lo otro es de carne y hueso. Morderse la cola es morderse a sí mismo. Es
el dolor ajeno y es el de uno mismo.
domingo, 2 de agosto de 2020
Lo tradicional y lo manual en el arte
Lo tradicional y lo manual en el arte
Más por conveniencia y por costumbre irreflexiva que por denotación y solvencia gramática, se ha dado en denominar como artes o técnicas tradicionales a las labores manuales que construyen objetos artísticos en el campo de las Bellas artes. Dicha adjetivacion viene acompañada de su contraparte "no tradicional" que hace referencia con sobrada inexactitud, a los objetos e imágenes que si bien pueden en dado caso hacerse con las manos, no implican una dote, y se sirven, además de recursos tecnológicos relativamente recientes, como la computadora y la fotografía, a la "innovación de
intenciones expresivas". Lo tradicional vs lo no tradicional, o como se ha añadido como una especie de sinónimos complementarios, lo convencional vs lo no convencional, además de la ya explicada arbitrariedad semántica, es una adjetivacion sin sentido, que como todas de su clasificación, responden a intereses políticos.
¿Qué razón sustenta el empleo de los términos y referencias a lo tradicional o convencional? ¿Bajo qué normativas se rige el empleo de estos calificativos? Su trasfondo tiene una intención desde luego jerárquica. Para posicionar a lo no tradicional o no convencional por sobre sus contrapartes es necesaria una nominación calificativa y evaluativa, que en este caso surge desde una de las partes, que es la que califica y evalúa a través de la inserción de los términos (lo no tradicional o lo no convencional), en cuyo caso sería auto calificativa y auto evaluativa en conveniencia para sí misma, y descalificativa para la otra parte.
No es el sustento etimológico de las palabras tradición y convención, porque entonces tendríamos por un lado elementos concretos para definirlas de manera general, como la falta de elementos para sostener su significado particular, y por otro una trayectoria cronológica que no sustenta ni define su aplicación. Si bien no existe a ciencia cierta una tradición y una convención para calificar a los procesos, materiales e intenciones expresivas en las artes plásticas y visuales, ni regla, normativa, ordenanza, constitución, manual, ni nada similar para determinar su validez, los calificativos de este tipo permanecen. Aunque las jerarquías artísticas se dan en función de paradigmas económicos, políticos e ideológicos, no determinan una autoridad moral clasificadora definitiva. Aunque las formas de expresión artística son cambiantes y se posicionan o autoposicionan como modos de hacer y de ver lo que irremediable, categórica y arbitrariamente llamamos arte, no representan una autoridad normativa y mucho menos ética. Son más bien imposiciones encarriladas y usureras.
El tiempo, la innovación, originalidad, vanguardia, libertad expresiva, contraposición y demás palabras que incentivan a lo no tradicional, carecen de razón. Y la razón, ésta sí, tiene una fuerte tradición en nuestra historia (aunque se use poco).
La nominación sobre las formas de referirse a las artes, sus procesos y clasificaciones tiene un origen que determina con cierta autoridad, cómo se marcan pautas. Apoyados en la línea cronológica y en una supuesta actualización, instituciones, escuelas y personalidades con voz y voto en los medios, inventan nombres y con ello, espacios, y con los espacios, gente que por interés e inercia, los ocupan.
Si lo manual ya está superado, es retrógrada, fuera de tiempo y contexto, ¿no sería mejor entonces llamar manual a lo que se califica como tradicional? Y si por tradicional entendemos que es lo que tiene tradición, vigencia, tiempo, costumbre, doctrina y transmisión ¿debemos negarnos a nosotros mismos al negar la tradición que nos ha hecho lo que somos? ¿Cuánto tiempo para que algo deje de ser tradicional para ser qué cosa? ¿Cuánto tiempo y bajo qué requisitos para que lo tradicional no sea tradicional? ¿Qué tiene de malo lo tradicional? ¿No es ya tradicional lo que se dice no tradicional con el tiempo suficiente para forjarse espacios en el mercado, la academia y la conciencia de tantos jóvenes que encuentran un remanso y un atajo al rigor manual e intelectual?
Con razón y conciencia llamemos a las cosas por su nombre. ¿Artes o técnicas tradicionales vs no tradicionales? No. Las técnicas son técnicas y hay obras de arte y cosas que no lo son.
lunes, 6 de julio de 2020
Lo que vale la pena
Tan sólo en dos ocasiones, solo en dos, me han preguntado mis alumnos sobre el poder de selección, éste que permite racionalmente valerse de sí mismo para identificar qué vale la pena y qué no. Por supuesto la pregunta no fue abierta, estos dos alumnos (separados por brechas generacionales mínimas) me la plantearon en el contexto de su carrera, en el terreno de las artes gráficas
-¿Cómo puedo saber lo que vale la pena?-
Pregunta de preguntas. La pregunta vino en ambos casos después de una exposición sobre historia del arte y estética, en donde cuestiono los gustos superlativos y la falta de indagación de datos para la construcción de un criterio selectivo. No me sorprende que me pregunten eso, ni me sorprende que mi respuesta no les satisfaga de entrada y que no quede claro la relación que tiene con todo. Si una de las más grandes responsabilidades que tiene cualquier profesor es mostrarle el mundo a sus alumnos para que aprendan a decidir por sí mismos, a ser responsables y críticos. La distancia que hay entre conocer el mundo y darse cuenta de él lleva mucho tiempo; la juventud es un obstáculo inherente y eso se cura con tiempo. Pero no en todos los individuos la madurez intelectual les llega con tiempo, se añaden otras cosas, por eso su relación con todo. ¿Pero cómo hacerles ver ante la juventud, falta de iniciativa, ejemplos fútiles de otros profesores y ausencia de interiorizacion? Me inmiscuyo en mis propias reflexiones y las expongo al grupo sin reservas, acotando con referentes y con el lenguaje en calidad y en cantidad que merece el espacio, y apuntando lo que me falta. Sin ambiciones ni desilusiones. Yo explico y nada más, la decisión y la experiencia le tocan al alumno.
La respuesta a esa pregunta está en reconocer que nuestros gustos, elecciones y juicios evolucionan. Y que el tiempo de esta evolución se da en función del entorno que nos afecta y al mismo tiempo, de la libertad que tenemos para discernir lo que queremos. La cultura visual no se gestiona de manera aislada, se da a la par de nuestra historia personal, de nuestra educación familiar, escolar y cívica. Un ejemplo de esto es que pese a que el que estudia historia del arte, teoría del arte, sintáctica, gramática visual y técnicas de representación, no tiene necesariamente un juicio crítico afinado, no tiene criterio. Como no hay garantías, al final la responsabilidad individual se traduce en poder de selección. Para un juicio pertinente y justo en las selecciones, se debe ir contra la naturaleza humana: supervivencia, competencia y predacion. Se debe construir un basamento sólido que se sobre ponga a las mayorías y que disponga a su vez de ambiciones y rutas consistentes. El error y el acierto son parte del camino, y el reconocimiento de ello depende de cierto pragmatismo pero sobre todo de mucha sinceridad.
-¿Qué tengo que hacer primero?-
Pregunta seguida de la primera. En realidad no debe haber repuesta para eso porque es de índole personal. Decirle a alguien lo que debe hacer va en contra de su educación y de sus espectativas, de lo que es como persona. Pero ya que pregunta, le digo que lo que debe hacer primero es ver lo que no le gusta (para ir contra sí mismo y comparar sus gustos superlativos con las variables existentes), y que acepte que su juicio merece tiempo para que evolucione, para que madure.
-¿Cuánto tiempo profesor?-
-No hay una regla, depende de tí - Le. Dije.
Y ahí se frenan sus preguntas. El alumno quiere un instructivo, no un incentivo. No hay más que decirle. Es personal.
lunes, 6 de mayo de 2019
jueves, 7 de febrero de 2019
Diálogos sobre imágenes astronómicas en América siglos XVI al XIX
Instituto de investigaciones Estéticas UNAM
Hall Francisco de la Maza
Coordination: Nydia Pérez
February 1, 2019















