sábado, 23 de diciembre de 2023

El viajero redimido

 


Llegué a cualquier hora, no sé si tarde o temprano.

Traspuse el portal, y las miradas, como esperando, como atentas a un suceso memorable

       se insertan sobre cualquier visitante que llega. Soy visitante. 

Sin titubeos, el líder abrió su trinchera y me invitó a la mesa (no es una formalidad suscrita, es un impulso primitivo). 

El espacio es una sala pequeña y apretada con una gran ventana, que se baña de resolana matutina

           y de fuego crepuscular por la tarde.

Un umbral ignorado que invita a breves periplos.

Los guardias del lugar me integran sin mesura, sin análisis previo a sus letras, sin un enjuague anticipado a sus cercos de angustias. Se desnudan y se tapan con cobijas de miedo. 

Agradezco y no agradezco. Me desboco y me retraigo.

               No es mi espacio y es mi espacio a un tiempo. Mis letras salen pulidas y    

                              jabonosas de mis labios. 

Predigo cambios. Las flechas de sus miradas mantienen su firmeza. 

Hundo el pie en el clutch y piso el acelerador, apresuro los cambios pero

                       mantengo las predicciones. 

Un guardia se levanta y se va so pretexto de ocupación. Otro más disimula atender el teléfono. El líder clava su mirada en otro visitante 

              y se levanta para tender su mano.

El cuarto guardián se queda, no sin antes participar en lo común conmigo, en hacer un trato teórico-verbal ¿Es una farsa? ¿Es un saineté o es un interludio previo a la definición? 

Llegan más visitantes. No traspasan el portal porque los guardias

                          están afuera, evitándome (el cuarto guardia salió en cuanto agujoneé su orgullo). 

Me quedé sólo en la sala. Frustrado al inicio por la carencia de formalidad, pero luego contento por un rayo sesgado de luz solar en mi ojo izquierdo

                                 ¡Me dí cuenta, es tarde! 

Salí por la ventana por un instante y regresé con júbilo y sereno, satisfecho de un deseo que no es deseo. Solaz.


lunes, 28 de agosto de 2023

Mario Rangel Sánchez (1938 -?)

Mario Rangel Sánchez fue maestro de dibujo en la Esmeralda, pintor figurativo y muy allegado a la galería Estela Shapiro, en donde exponía con regularidad y lograba vender algunas piezas. En 1990 daba clase de dibujo por las tardes para el primer año en la ENPEG (Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado) en un salón amplio, iluminado por el lado norte en el día y que tenía además, un control de luz artificial con intensidad modulada. Desde un área de la administración de la escuela ponían música clásica para amenizar las clases y el maestro podía también subir o bajar el volumen o de plano silenciarlo. El maestro Rangel prefería el tono bajo, a menos que diera una exposición verbal a sus alumnos, generalmente introductoria, entonces apagaba la música. Su clase era sobremanera rigurosa, con modelos geométricos de madera que había que copiar con detalle y precisión: conos, esferas, cubos, cilindros y cuerpos truncados. Todavía conservo los dibujos de aquellas sesiones, en donde se aprecian la indicaciones del maestro y el cuidado para que el alumno resolviera el encuadre, la proporción y el claroscuro de tales modelos. Él no pensaba que hiciéramos figura humana sino hasta lograr resolver los dibujos con figuras inanimadas.

     Su pintura era muy exacta en la técnica, de temas fantásticos y metafísicos, un tanto más cursi que la de Remedios Varo pero menos narrativa y más riesgosa. Retrataba insectos y otros animales con figuras humanas parecidas a duendes, con decorados y texturas de filigrana. Composiciones simples pero antojadizas y equilibradas, con pinceladas nada abiertas ni grotescas, más bien sutiles y chiquitas, como milimétricos mosaicos superpuestos. Una ocasión nos invitó a la inauguración de una de sus exposiciones en la Estela Shapiro. Fuimos sus pupilos con mucho ánimo y ganas de complementar lo aprendido en clase con el ejemplo del maestro. Nos impresionamos, no sabíamos hasta entonces que su rigor y personalidad tuvieran algo más que ver que no fuera con su clase.

     Promulgaba seguido la idea de la disciplina a través de la representación figurativa y castigaba fuertemente el arte abstracto. Tenía incluso una pintura que juzgaba esto en donde un mono pintaba un cuadro con manchas de colores. Obra que vimos en la exposición. 

     Al terminar una de tantas clases coincidimos en la salida del edificio, entonces ubicada en la calle de San Fernando, a una cuadra del metro Hidalgo. Me preguntó si subiría al metro y le dije que sí. Ya dentro me preguntó hacía dónde me dirigía. Le dije que a Potrero, en la colonia Industrial. Con una leve sonrisa dijo que él también —¿A qué calle vas?—Me preguntó —A Fundidora de Monterrey, al 115— Le dije. Volvió a sonreir, ahora con mayor soltura —Yo voy a Tolteca, a tres cuadras de tu casa— Dijo. Saliendo del metro Potrero caminamos a su ritmo sobre Ing. Claudio Castro y luego sobre Excélsior. En el camino me pidió detalles de mi familia y luego me dijo que se había enamorado de la chica bonita de la cuadra y luego se casaron. Nos despedimos en Fundidora de Monterrey, donde yo caminé hacia mi casa y él se siguió hasta la pastelería Paty, en donde seguramente giró a la izquierda en Tolteca para llegar a la suya.

     A la par de mis estudios en la Esmeralda tomaba clases en la Enap Xochimilco. Después de un semestre decidí que debía quedarme en un solo sitio pues las tareas y el traslado a las dos era brutal. Le mostré al maestro mis ejercicios de pintura con Luis Nishizawa. No pudo ocultar un gesto de sorpresa pero casi inmediatamente hizo mofa de los temas. Eran pinturas al temple de frutas y verduras —Qué, ¿vas al súper a hacer la compra de tus modelos o van a retratar el mercado?— Dijo en tono burlón. Parecía más que burla una identificación, pues ya sabía que él había sido también pupilo de Nishizawa. 

     Cuando le dije que dejaría la Esmeralda para quedarme en la Enap peló los ojos, frunció ligeramente los labios y me deseó suerte. Difícilmente exponía sus verdaderos sentimientos. Aplicaba el principio de su clase de hacer a un lado las emociones para enfocarse en exigir a sus alumnos que mantuvieran un nivel de objetividad en el aprendizaje. Lo entendí perfectamente.

     Años después le pregunté a Uco Cuenca si sabía del maestro. Me dijo que no sabía nada de él desde hacia tiempo pero que había escuchado que falleció.

     Uno de tantos profesores de dibujo que tuve pero sin duda esencial. Cuando tienes 18 años y el maestro muestra y demuestra cómo debe ser el dibujo para que aprendas y luego decidas cómo hacer, con exigencia en el ojo y en la mano, no puede haber mejor herencia y transmisión. El mono que pinta manchas no es el que juzga al arte abstracto, es el que carece de un principio esencial en el arte, que es la total y absoluta libertad y disposion para hacer y pensar sólo si se tiene pleno control. Eso es saber dibujar. 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Los bocetos de Orozco

 Los bocetos de Orozco


En el Museo del Hospicio Cabañas de Guadalajara, en Jalisco, se presenta del 2 de julio de 2022 al 5 de febrero de 2023 la exposición "Apoderarse de todos los muros"  Se trata de dibujos de apunte, estudios y bocetos de José Clemente Orozco, casi todos ellos son trabajos para proyectos de pintura mural. La muestra es tan imponente como sus murales. Estudios de partes anatómicas, de conjuntos de figuras, de trazados geométricos, de composiciones adosadas a espacios arquitectónicos y calcas. Como es puro dibujo (unas cuantas excepciones de pinturas), es fácilmente identificable la mano de su autor, pues ya fuera con lápiz, carbón o pincel el trazo es eminente. Para quien no sabe ver el dibujo serán no menos que unos intentos incompletos de acercarse a lo que "realmente vale la pena", que son las pinturas; pero para el ojo avisor, es evidente un conocimiento preciso de composición, anatomía y del lenguaje que hace la mano cuando traza. Sutiles figuraciones y parámetros de rectas y curvas, y poderosos cortes con el lápiz. Se ven en la lectura de los dibujos las intenciones de Orozco de concretar, corregir, repetir y plasmar sus ideas sin el más mínimo reparo que la proyección. Su madurez dibujistica es tan evidente que sus dibujos se ven más atrevidos que las pinturas, cosa que cualquiera supondría que ya en la pintura "afinaria" lo que "le falta" pero no, por momentos los dibujos parecen más resueltos que las mismas pinturas. En los bocetos que tienen soporte geométrico es evidente que procuran disponer de la métrica tan solo para ajustar la composición y que no pretenden autentificarse con eso. La geometría es un recurso que permite enfatizar con precisión la oración visual, decirlo bien.

     Destacan los bocetos para el tondo central de la bóveda del Hospicio Cabañas porque es una composición radial, en donde el centro corresponde con el escorzo del  hombre en llamas y la circunferencia con líneas concéntricas simuladas por los brazos y piernas de los cuerpos acromos.

     Las soluciones anatómicas rebasan el dato descriptivo. Su vigor expresivo corresponde con la intención de Orozco, que busca una dimensionalidad corporal acorde con un énfasis expresivo, no descriptivo, insisto.

     
     La muestra es una visita tras bambalinas a los murales y al mismo tiempo, una oportunidad de ver la mano "de fuego y ceniza" de Orozco, una mano rotunda, envuelta en llamas como su Prometeo, que cuando traza quema el papel y deja un hálito de potente elocuencia expresiva. 


sábado, 3 de septiembre de 2022

Cultura y ceguera estética



Tengo dudas muy serias sobre la apreciación artística. Aquí no cabe el ser democrático porque la cultura estética, pese a su universalidad, es selectiva. La cultura que el público tiene sobre el arte es más mundana que estética, las más de las veces es un tipo de ceguera estética que viene bien aderezada de gustos, y el gusto nunca es por obvias razones, un factor serio para la apreciación de las obras. En una entrevista dije que el público no es tonto, y es cierto, la tontez representa un nivel de criterio propio de juicios fraudulentos, porque la apreciación del arte no sólo se constituye con datos precisos sobre su descripción, significado, técnica o historia, sino con valoraciones perceptivas. Y aunque en la percepción también existen factores cognoscitivos que la nutren y por ende, niveles perceptivos, la unanimidad prevalece (?). 

     Pero no califiquemos al público como un ente pasivo y ajeno al arte, los mismos artistas y estudiosos del arte poseen a diferentes niveles, una apreciación, y eso los hace también público. Lo que hace del criterio del público por un lado y de los artistas y estudiosos por el otro, nada tiene que ver con que unos no saben y otros sí saben. La ceguera estética no discrimina. Los que saben (artistas, teóricos del arte y público en general), construyen su criterio en base a una identidad grupal, misma que reafirman de acuerdo a la esfera a la que pertenecen, y ello no garantiza un conocimiento absoluto ni tampoco una valoración pertinente. La acumulación de datos es propia del conocimiento enciclopédico y requiere siempre del factor crítico. La práctica artística reafirma un tipo de herencia y una permanente reafirmación de modos de ver y entender a través de la vigencia productiva, pero no constituye por sí sola el criterio suficiente para valorar los procesos y los significados de la obra artística.

     Dos tipos de ignorancia. El que sabe, no sabe que no sabe o cree que porque sabe algo, lo sabe todo. Y el que no sabe, aunque sabe que no sabe, cree que lo que sabe es suficiente para calificar lo que no sabe. En ambos casos, lo mundano y lo selectivo constituyen dos núcleos perceptivos con variables nominativas: pasivos o activos, apreciativos o críticos, ignorantes o responsables. 

     La justificación (no la argumentación) en ambos casos, logra compensar los faltantes. La ceguera estética no es un ente pasivo, es tan activo como los procesos productivos y valorativos del arte. El artista, el historiador del arte y el crítico del arte pueden ser tan ignorantes como el público. Y el público puede ser tan sabio como el artista. Lo mundano y lo selectivo transitan en un puente de doble vía y reflejan valoraciones dispares de apreciación sobre el arte. Lo categórico no es definitivo, y la información no garantiza un conocimiento. Saber es así, tan sólo una forma de interceder la duda, pero sin necesariamente aclararla o determinarla. 

     El éxito no representa tampoco un parámetro, porque se encuentra íntimamente ligado a lo social. Las unanimidades son indicadores de factores cuantitativos, no necesariamente cualitativos. La obra de arte es exitosa en buena medida por negociaciones, recomendaciones y decisiones políticas. La sociedad también es ciega en estética porque no se da cuenta de su propia ignorancia y porque antepone la idea del yo democrático y de las masas a la objetividad valorativa. El juicio del arte es a veces sincero y otras veces lo es en extremo deshonesto; a veces deben de transitar generaciones enteras para que la gran obra resurja, y en un instante la mediocridad se establece. Las sociedades cultas reconsideran sus juicios, las sociedades ignorantes se tragan sus vicios y los vomitan como si parieran evangelios. 

     Unos historiadores del arte comentaron ante un mural mal trazado, pintado y compuesto, que las flores pintadas allí eran bonitas. Una exalumna, que ahora se considera ilustradora, dijo en una entrevista virtual que no hace falta saber dibujar, que basta con hacer coincidir su ímpetu expresivo con una forma de solución en donde el reconocimiento y la venta de su obra le generen plenas satisfacciones. 

     Muchos teóricos prefieren evitar la forma y priorizar por el contenido, pues su desconocimiento del área les permite encontrar la manera más eficaz de resaltar que saben a través del contenido, sin saber nada de la forma. 

     Un pintor de paisaje que sólo pinta volcanes, repite el discurso de su maestro y gestiona para sí mismo y para el mercado que le requiere, modos de teorizar algo que él sabe no va más allá de justificar sus límites creativos. 

     El grueso del público prefiere los indicadores mediáticos y los clichés iconograficos, aunque no tenga respaldos informativos ni mucho menos reflexiones sobre sus propios juicios. No saber es aquí, una manera de hacerse coincidir con los demás y con ello, de validar la libre opinión.

     La relación del arte con la sociedad no está en su complicidad sobre temáticas e intereses compartidos. La cultura estética le compete a todos, artistas y no artistas, pero al ser selectiva, lo mundano debe transmutarse en sublime y lo sublime redimirse a lo mundano. Los grandes temas del arte están en el cómo, no en el qué. Lo inútil del arte para la sociedad le ayuda a mantener su selectividad. Si el arte es inútil e improductivo, la sociedad se atribuye una posición de distancia y con ello, una incapacidad de valoración estética. Por otro lado, el artista requiere de la sociedad para ser artista y para ser persona, de tal manera que su actividad le demanda una distancia, y su ser como persona lo acerca a ella y lo hace ser parte de ella. 


LAS TÉCNICAS SIN SEXO



Las técnicas son medios de comunicación, expresión y representación. No hay técnicas femeninas ni masculinas ni sexuales ni asexuales, como tampoco hay técnicas de arte o de diseño. Las técnicas son técnicas. Si los materiales y los procesos con los que se hacen las técnicas respondieran a facultades o asignaciones entre sexos, las mujeres y los hombres no serían de la misma especie, pues bastaría con las cualidades biológicas para establecer capacidades diferentes entre ellos. El lápiz puede ser empleado por un hombre y una mujer sin diferencia alguna más la que hace la expertise humana a través de la experiencia. Si las distinciones entre sexos fueran determinantes y exclusivas, también lo deberían ser las edades de las personas, el color de su piel, su estado de salud, su origen geográfico o su condición social. Las diferencias entre los seres humanos no son sólo sexuales o por su género y no tendrían por qué reflejarse en los materiales y en los procesos. 
     La disposición o aplicación de algunas técnicas para determinadas disciplinas es resultado de una particularizacion propia del desarrollo, historia, tradición y cumplimiento de sus productos. Y lo que hace de varias técnicas un uso y aplicación en varias disciplinas es respuesta a una factibilidad y adaptabilidad en cada una de ellas, a las que se suman los factores particulares. Los factores biológicos y evolutivos intervienen en ciertas distinciones, pero no son anteposiciones al hecho inefable de la especie. Lo que son capaces de hacer las mujeres respecto de los hombres, o más bien, lo que distingue las facultades de las mujeres respecto de los hombres y viceversa es parte de su naturaleza evolutiva como especie y parte de sus cualidades físicas inherentes, que no son de ninguna manera fundamentos ideológicos, sino científicos. 
     Lo que hace que lo que se representa tenga una tendencia sexual o gremial son los contextos y los contenidos. Si un grupo sexual elige una técnica particular eso no hace al material y al proceso sexual o gremial; hay identificación y condiciones, en donde entra la moda, el presupuesto y las normativas. Los aspectos representativos son también indiferentes a una identidad, aún cuando se han posicionado por consenso algunos elementos identitarios, como el color rosa para lo femenino, lo azul para lo masculino.


miércoles, 10 de agosto de 2022

Anacoreta de vocación

Cristo desciende al limbo. Círculo de Andrea Mantegna. Dibujo a tinta y albayalde sobre papel coloreado 



Mi espacio es un hirsuto desierto, 

donde alimañas de vigorosos e incendiarios intestinos 

digieren la envidia verde que ellas mismas cultivan. 

Una tierra salvaje donde no hay Dios 

ni nada que redima con moral, ley o bendición el espíritu. 

Una zona desdoblada del espejo, 

un reflejo primitivo, copia exacta en lo visual, asimétrica en lo espiritual. 

La naturaleza imperfecta del hombre es mía y no es mía. 

Me desueyo con dolor y con alegría, 

me arranco lo que soy y cuando me doy cuenta, de lo que no soy. 

Espero en silencio la respuesta divina, pero nunca llega. 

Atrapado en el limbo 

escucho atento los susurros melancólicos,

como un salvaje en el desierto. 

domingo, 12 de junio de 2022

El juicio de Sócrates y la medida del hombre


EL JUICIO DE SÓCRATES Y LA MEDIDA DEL HOMBRE

Disertación sobre el espíritu académico entre pares. Ejercicio crítico en la academia y el juicio humano en una visión comparativa con la actual


SÓCRATES: El par es una unidad de medida académica. La manera directa de determinarlo es por los grados o títulos académicos. Si los grados no son un reflejo fiel de la calidad de obtención y desempeño de los académicos ¿Cómo entonces se considera par una imparidad? Si las instituciones, en afán de sostenerse como tales, recurren a la permisión abierta para la asignación de los títulos sin el rigor pertinente ¿Cómo es que podemos llamar a todos los titulados pares, cuando son evidentes las diferencias? Si a los grados o títulos se añaden numéricamente los comprobantes del curriculum ¿Cómo determinar una medida universal ante la pluralidad de labores que muestran los comprobantes en el curriculum? Si el volumen del curriculum (medida también) determina un nivel de experiencia, expertise y tiempo invertido ¿Cómo es que no corresponde en muchos casos el número con la calidad? ¿Acaso la calidad es un factor de medida no incluido o no considerado? Si al número añadimos la calidad de las labores mostrada en el curriculum ¿Cómo se miden los niveles, calidades o importancia de las labores del académico, sobre todo si unas labores son de relleno y otras valen realmente la pena? Si los jurados que califican a los académicos fungen como evaluadores imparciales de sus funciones, experiencias, tiempo invertido y compromiso ¿Porqué no existen plenas correspondencias entre los resultados y a quienes se califica? Si los jurados calificadores, además del requisito para serlo, no muestran las mínimas virtudes de solvencia en sus compromisos de profesores o investigadores ¿Cómo es entonces que arbritan sin arbitrarse a sí mismos? Si la normativa dicta un porcentaje de unas actividades académicas o curriculares en comparación de otras ¿Cómo se determinan las importancias entre éstas? Si la luz de la investigacion realizada a través de publicaciones, ponencias, artículos, coloquios, congresos, simposios, etc. es un remanente de las labores de estudio, experiencia e investigación ¿Porqué predominan las publicaciones, ponencias, artículos, etc. mediocres? ¿Porqué el estudio —requisito indispensable e insustituible en la investigación— no es un parámetro directo de medición? ¿Porqué en lugar del estudio se espera del investigador una participación desmedida de coordinador, promotor y divulgador? La paridad como unidad de medida académica es, además de un intento fallido por sostener un sistema de identificación y aplicación de actividades, una unidad que carece de definición. Si la medida es insustancial y no es posible de identificar o determinar bajo criterios firmes y transparentes, el método infalible deberá ser la sinceridad del académico. Y aquí no tenemos ninguna manera de medir nada porque la naturaleza humana antepondrá siempre las pasiones a las razones, la necesidad de supervivencia a la necesidad espiritual y la competencia al diálogo. 

JUEZ 1: Sócrates, las normas se construyeron mediante comicios colectivos en donde participaron sabios de todas las áreas y de varias partes del mundo. La osadía de cuestionarlos no corresponde con la imagen que tus seguidores han hecho ver de tí como importante y determinante. Las razones a las que te refieres están presentes en cada uno de los estatutos y son tan eficaces que con ellos se materializan los coloquios que se realizan, que son cada vez más en número y más vigorosos en participación. 

JUEZ 2: La paridad es una razón universal, instituida por la academia como una forma fiel y eficaz de sostener y de reafirmar una identidad. Para que los exámenes de grado y coloquios se puedan realizar, se requiere de una colaboración colectiva, en donde el nivel mostrado mediante paridades pueda dar cabida equitativa y democráticamente a los veredictos y las voluntades de trabajo en los coloquios. 

SÓCRATES: Es evidente que el concepto de métrica y de razón no tiene ninguna compaginación, porque si el número, que ya es de por sí racional, fuera un reflejo, además de cantidad, de calidad, no tendríamos mayoría, sino minoría de títulos y de coloquios. 

JUEZ 1: ¿En qué cabeza cabe que la minoría de egresados con título y la minoría de coloquios pueda ser racional cuando el propósito de la academia es incentivar que todos sus allegados se graduén y participen activamente en cuantos coloquios haya, y entre más es siempre mejor? 

SÓCRATES: La razón aquí no es institucional, es humana. Los grados requieren por lógica que quienes han trabajo lo suficiente y han sido consistentes con sus compromisos de asistencia, puntualidad, asimilación de conocimiento y responsabilidad cívica sean no sólo graduados sino galardonados con un título. Y que los coloquios tengan la suficiente verdad sublimada en sus contenidos y en su número como para que valga la pena que existan ¿Pará qué queremos varios coloquios inverosímiles si podemos tener uno realmente consistente y elocuente? La cantidad aquí no debe ser consecuencia desbordada de volumen, sino de austeridad. 

JUEZ 2: Sócrates, si la austeridad fuera como dices y enarbolas, no tendríamos coloquios, ni a quienes titular, ni academia que trabajar. 

SÓCRATES: Pues más valdría entonces que no hubiera nada. La sinceridad es un tesoro que vale más que cualquier título o coloquio que por gratuidad se quiera sumar. Tener pares académicos no es disponer de quien tiene el título, sino de alguien que, con los mismos recursos cognoscitivos, el mismo espíritu critico y la buena fe, es posible disertar. Y disponer de un coloquio honroso es resultado de pares académicos capaces de proyectar en sus exposiciones temas de discusión lo suficientemente fuertes como para validar el tiempo invertido. El rigor de aprender, de enseñar y de ser capaces de discutir a través o como consecuencia de la asignación de grados y la gestión de coloquios debe ser una labor que prioriza en el espíritu, no en la institución. La institución es un vehículo normativo, regulatorio y organizativo, pero para que su labor sea integral debe asumir una responsabilidad conjunta entre su ejercicio político, administrativo y ético. Cuando se asigna el título a un académico que no lo merece o se apertura un coloquio raquítico, se cumple con las partes  normativa, administrativa o política, pero se carece de ética. Aquí el equilibrio entre las partes no es correspondiente con la cantidad, sino con la calidad. Los números no determinan, son consecuencia. 

JUEZ 3: La evidencia de tus palabras es como una serpiente que se muerde la cola. Si estás en un juicio es precisamente porque la mayoría no aprueba tus disertaciones, que por su actitud de resistencia no incitan la inteligencia sino que la perjudican. 

SÓCRATES: La mayoría como cifra dominante es efectiva en casos de beneficencia y ganancia, en donde la cantidad excedente o sobresaliente es medida suficiente para satisfacer un bien general o particular ¿Qué familia no se sentirá bendecida si su cosecha da más gracias a la lluvia enviada por benévolos dioses? ¿Qué empresario no se dará cuenta del cortejo que le hacen varias propuestas para hacer crecer su negocio? El beneficio aquí no es de ese orden. Con más coloquios y más títulos no ayudamos a la institución ni a la gente que lo recibe u organiza, sencillamente porque contradice el beneficio de la preparación y el grado de conocimiento que la misma institución representa. Ahí tenemos ejemplos tácitos, faltos de definición y exigencia, conjunciones entre indolencia e ignominia. El académico no es así, un número. Los pares representan la fórmula ideal que hace del Claustro un conjunto eficiente, capaz de enseñar, calificar y determinar lo que es correcto y lo que no, y al mismo tiempo de instruir con su ejemplo la autoridad pertinente que satisface las necesidades espirituales de los aprendices. 

JUEZ 1: Tu terquedad no tiene límites ¿Qué haríamos con el número de graduados y de coloquios que a tu juicio no merecen ser ni lo uno ni lo otro? Todos ellos tienen un lugar ya merecido en la academia, son doctos en sus materias, con discípulos de años y con proyectos previos y en puerta. Viven de eso y para eso. 

SÓCRATES: Viven de eso, pero no para eso. Sus plazas no justifican su lugar. Sus necesidades de primer orden son consecuencia, no compromiso. Así que si debo responder tu pregunta querido juez, la respuesta es que no debieran tener nada. 

JUEZ 2: ¡Qué osadía! Tus palabras de sierpe no son argumentos, sino alimento de un ser rapaz que ostiga y criminaliza ¿Cómo vamos a dejar en la desnudez absoluta a nuestros académicos, muchos destacados y con trayectoria? ¿De qué van a vivir? Más valdría, según lo que dices, que estuvieran muertos. 

SÓCRATES: No serían todos desde luego, pero sí sería la mayoría. Y los que dices que tienen trayectoria tan sólo han sumado años, pero no experiencia. Ni basta que estén muertos, pero sí que se dedicaran a otra cosa. 

JUEZ 3: Si la mayoría descalificas, siendo tú la mínima expresión de la minoría ¿Qué haría valer tus palabras si todos ellos quedarán fuera de la academia, a que se dedicarían? 

SÓCRATES: No lo sé, una pregunta insoluta requeriría de un factor experimental para responderla. Ahora bien, contestando a la observación sobre mi unidad numérica, un millón frente a un uno puede tener la fuerza, pero no la razón. La razón de ser de las cosas no se da por mayoría, sino por argumentación. 

JUEZ 1: ¡A la tumba con tus palabras! La academia necesita de más títulos y más coloquios para ser academia. 

SÓCRATES: ¡Exacto! Pero falta al número el ingrediente esencial, que es la calidad, y eso, amigo juez, es lo que menos tenemos. Necesitamos gente del campo, herreros, talabarteros, esclavos para fregar los pisos, pastar las ovejas y alimentar los caballos. No creo que se quedaran en la desnudez, hay mucho trabajo. 

JUEZ 1: ¡Insensato! 

SÓCRATES: Insensatos ustedes, que excluyen la virtud como factor académico y anteponen la osadía de la necesidad inmediata. La academia debe ser un ejemplo ético y normativo en la formación y gestión del conocimiento. Si no es así, no tiene sentido alguno.

JUEZ 2: Lo que tiene sentido en la academia es lo que insultas con tus palabras, lo que ofendes sin razón y lo que no tiene mesura ni medida. 

SÓCRATES: Si debemos emplear la unidad humana como medida debemos entonces verla en su integridad espiritual, que es todo lo que nos hace hombres además del cuerpo, y eso, mi querido juez, no es insensatez, ni ofensa, ni falta de mesura, sino todo lo contrario. La paridad como ya dije debe medirse con plena consciencia de quienes somos, y en eso cabe todo lo que podemos llamar formación, curriculum, trayectoria, experiencia o expertise. Lo que nos hace ser a través de lo que sabemos, la manera en que vemos lo que sabemos y la humildad que hace reconocer a cualquiera por lo que sabe o representa, que no lo sabe todo, que no siempre tiene la razón y que el conocimiento es una espiga con un vértice que crece cada vez que estiramos la mano para alcanzarlo, es lo que nos hace seres conscientes de nuestra humanidad

JUEZ 1: ¿Qué sabes tú de humanidad Socrates si sigues mofándote de la normativa institucional que ha estratificado nuestros escalafones académicos? ¿Cómo es que no comprendes la verdad absoluta que recubre el respeto que debemos a nuestros doctores que también son profesores, en donde se han consumado con esfuerzo, tiempo y tenacidad sus títulos, proyectos, investigaciones y libros, y que sin los cuales no tendríamos más motivos para continuar nuestras sesiones de seminario, ni nuestras gratas comuniones coloquiales, ni nuestra gozosa facultad de publicar y mostrar a los demás lo que el conocimiento hace en quienes se comprometen con tantas tareas? 

SÓCRATES: Si debemos mantener latente la llama viva del estímulo para tantas cosas que producen las labores académicas ¿en que momento cabe el estudio y la consiguiente llegada de la razón y la argumentación? Para aprender de aritmética, geometría, astronomía o filosofía debemos primero abrir un espacio a la comprensión de sus saberes, y luego, cuando el entendimiento ha aflorado como el brote de las primeras yerbas del deshielo, se le abona con el nutrimento de la especialización. Y cuando se es entonces experto, se deconstruye el conocimiento con cuestionamientos más complejos, aplicando las múltiples relaciones que entre las disciplinas alimentan el saber: multidisciplina, Interdisciplina, intradisciplina y exodisciplina. Aprender lleva tiempo querido juez, y en ese trayecto las dificultades de añadidura, corrección, visualización y comprensión son tan complejas como las materias mismas, pues el ego y la falta de ética intervienen como demonios inprevistos y sagaces, que hacen del docto un ser que sabe sin saber, conforme, un hombre de conocimiento pero sin virtud, un académico con grado pero sin capacidad autocritica, un archivo de datos sin capacidad crítica ni argumentativa. Las complacencias vienen en forma de cerrojos mesmerizantes, que hipnotizan con el autorreflejo, que empañan la visión y entroncan el portón. La mayoría, mi querido juez, se detiene en el trayecto. Saben que pueden pasar, pero deciden no hacerlo porque ya son quienes no son. El camino se cierra, la vela se apaga, el río se seca, la montaña se aplana y el viento no sopla. 

JUEZ 2: Sócrates, nada se seca ni se apaga, los grados son la cúspide de una montaña alta que cuando se alcanza, permite ver otros horizontes y recibir una densidad de viento diferente. 

SÓCRATES: Si fuera así, entonces tendríamos pares. 

JUEZ 1: ¡Son pares Sócrates! 

SÓCRATES: No lo son, porque la montaña no es única y porque el viento solo sopla y es distinto cuando reconoce la virtud en el académico. 

JUEZ: ¡Vanas interpretaciones! 

SÓCRATES: La interpretación no responde a una resolución, sino a múltiples probabilidades ¿Cómo puede ser par un doctor, con título, que no es capaz de demostrar en sus pesquisas que el tema que investiga vale la pena ser investigado y que es más bien un motivo para publicarlo y con ello sostenerse como miembro en la academia, que no atiende a sus pupilos, que es un desastre en sus horarios, que no revisa con cuidado y buen juicio los textos de sus tesistas, que se llena de proyectos para engrosar su curriculum, que se abalanza a la intemperie para gestionar los contratos que lo harán ver como un ente diplomático, solvente e institucional, pero que no sabe construir edificios de razón, ni mucho menos respaldarlos con su producción y ejemplificación? Seres capaces de hazañas elocuentes a la inmediatez, pero incapaces de sostener una línea constante con su voluntad, su presencia y su rectitud. Todos ellos favorecidos por la institución, incuestionados en sus asignaturas y en sus exámenes de grado y oposición. 

JUEZ 1: Solo los animales sostienen sus ímpetus con instinto y sin razón Sócrates, como tu lo haces ahora minimizando nuestra institución y haciendo menos la comunión. 

SÓCRATES: Los animales nos enseñan más que los hombres querido juez. El burro no rebuzna porque sí, las más de las veces se manifiesta porque tiene hambre, está cansado o necesita alivio. Los hombres por el contrario, hablan por hablar, regatean en vez de negociar, solapan en vez de administrar y maquillan la virtud con el interés material. El sacrificio no es para los hombres un estadio de gratitud, sino de perjuicio. 

JUEZ 4: ¡Traigan la cicuta!

JUEZ 5: ¡Y enciendan las lucernas, que el manto nocturno nos acecha!

JUEZ 3: ¡Y una crátera para el vino!

JUEZ 2: Sócrates, tu defensa es inútil como inútiles tus argumentos. Tu deceso es tu decisión, tu necedad indomable y tu terquedad, tu solaz infortunio. 

SÓCRATES: Si mis palabras con sentido no contienen el antídoto de mi salvación, que así sea. La traición a mi voz sería la traición al Espíritu de la razón. No deseo más que agregar que si con el conocimiento no viene el respaldo de la prudencia, la templanza, el valor y la justicia, no existirá jamás un motivo real para estudiar, obtener los grados, los títulos, las publicaciones y los coloquios que parten de toda matriz académica. Y que si el compromiso de la institución educativa no se rige por un matiz de cordura nunca tendremos saberes macizos ni complejos, sino raquíticas soluciones en forma y en contenido, incapaces de incentivar la máxima cualidad humana, y solventes tan sólo con engrosar los curriculums y gestionar las plazas.

    Que así sea, dadme el cíato para enjugar mis entrañas y partir digno.