miércoles, 26 de agosto de 2026

LA CLASE DEL INFINITO

 


No importa que no entiendas. Importa que hagas tu agenda. Es el primer paso, acuérdate. Si lo haces bien, lo demás viene en cascada.

Te hice enojar a propósito, para provocarte, porque te negaste a cumplir tus tareas. Pero tu ego se interpuso tanto, que no viste por qué lo hice. Es el dilema de la gente, verse el ombligo en vez de levantar la mirada. Y por otro lado, no asumir lo propio, echándole la culpa a lo demás.

Aprender una profesión no sólo es conocer de una disciplina, es aprender a ser disciplinado.

¿Haces tus tareas para la calificación o para tu desarrollo profesional? Son cosas distintas y tú lo sabes. Lo que hagas —sea por imposición o por iniciativa—, debe ser medido con mucho tino, de otra manera no tendría sentido.
Otra vez: —No te pongas en primer plano, haz las cosas por el infinito, no por tí—.

Me dan risa los que presumen que han estado en Nueva York, Londres, París, Egipto, África o Argentina. Yo nunca he ido a ninguno de esos lugares, pero he estado en el fondo cósmico.

Mi pase de bordar no es de aerolínea, es de fibras que interconectan lugares y tiempos. Me subo en una de ellas, y aparezco en los confines del universo. Ellos toman fotos y traen souvenires baratos. Yo observo lo que veo, lo guardo en mi costado y regreso con objetos etéreos, que solo pueden verse en los sueños.

Si me vas a regatear la calificación ya no tenemos nada que comentar. Los hilos que mueven el universo también se rompen.

La prohibición no es negativa si se sustenta en la legalidad y la moral. Lo que se prohíbe en el aula debe ser bajo un estricto control pedagógico, en donde cabe la actitud, la disciplina del profesor y el respaldo institucional. Esperar que los estudiantes no usen o usen correctamente los celulares por iniciativa propia no tiene sentido si el profesor no plantea con solidez sus directrices y no lo demuestra él mismo con su ejemplo.

No pienses en tus metas colectivas, porque no existen. Construye tus propias líneas. Estamos solos, y la soledad no es una tragedia, es un poder. Lo demás que no es uno es el universo. Si quieres ser tú mismo, aprende a andar solo.

Las fotitos de lo que haces y subes a las redes son una justificación para tí y para los demas; son el alimento del ego individual y universal. Que no subas nada no significa que no haces nada, al contrario, estás tan ocupado y concentrado en lo que haces que no te interesa reafirmarte ni justificarte para los demás. Los demás son tú.

Entre las gotas de lluvia y los objetos circundantes se genera un espacio estereoscópico. Cuando logres descifrar lo que se ve a través de la lluvia, habrás visto el infinito.

¡Ah!, que estás muy ocupado viéndote el ombligo, ¿verdad? Bueno, ya que estás en eso, sácate la pelusa del ombligo y mírala en el microscopio, a ver si ves algo de ti mismo entre las células muertas.

Ahí vas otra vez: la perfección que buscas no está en el maestro perfecto que quieres, está en lo que no ves de ti mismo, que no es tuyo, es del infinito.

Los chismes están hechos de reafirmación social, son un constructo inverosímil para el universo. Cuando dejas de chismear, ves más allá de las personas, te desprendes del constructo y te ves a ti mismo. Déjalos, no los juzgues, habla con ellos pero no los tomes en serio, porque ellos nunca te tomarán en serio, te usarán para reafirmar su propio autorreflejo.

En el infinito no hay ruidos, ni olores, ni humores, ni esperanzas, ni tragedias, ni aspiraciones, ni metas, ni descansos, ni locuras, ni equidades, ni sueños, ni logros, ni desencantos, ni amores, ni traiciones, ni ganancias, ni conveniencias, ni nada de nada de lo que somos ni hacemos acá en la tierra ¿Por qué entonces deberías hacer tu tarea y ser el mejor? Porque allá afuera está lleno de todo lo que no somos ni conocemos. ¿No comprendes, verdad? Me lo imaginaba, regresamos al mismo punto.

Si no lees, no tienes manera de construir nada. Cuando lees se escucha una voz interna que te dice más cosas. Ya sé, no todo es leer, también está: programar tus sueños, observar las nubes, ver los huecos entre las formas, atrapar fantasmas en el viento, atravesar la mente de las personas, caminar sobre los sonidos de los animales, meterte entre los muros... ¿Tampoco haces eso? ¡Uy chavo!, empieza por dejar tu celular en paz.

Tienes perro ¿verdad? Sácalo a pasear. Los perros ven cosas que tú no ves. Si estás atento a él en vez de estarlo jaloneando y regañando, te mostrará lo que ve, entonces él te paseará a ti.

En la escuela tenía un cuate que me seguía a todos lados y me copiaba lo que hacía, al mismo tiempo era grosero, rebelde e impositivo. Cuando nuestro camino se bifurcó, yo me fui por una vereda llena de espinas, él se regresó sobre sus pisadas. Si no tomas riesgos, no serás más que una calca chafa de otros. Trazar tus propias rutas es como caminar por el borde de un precipicio, si no tienes equilibrio, lo más probable es que te caigas.

¿Qué haces con tu tiempo libre? Si le preguntas eso a cualquiera, inconscientemente lo tomará como una intrusión a su vida privada, y aunque no te lo diga, pensará que qué te importa y lo más probable es que te diga mentiras. La verdad es terrible: no existe el tiempo libre. Lo que hacemos con el tiempo no depende de ataduras y libertades, sino de decisiones, y aquí sí, nadie quiere hacerse responsable.

Estar ofendido por todo y por cualquier cosa es la manera más eficaz de hacerse el ciego y el tonto.

Un señor que vende jugos en la esquina se molesta porque la gente pasa con su perro y como es natural, tienden a quererse orinar. Los maldice y comenta que ojalá no existieran los perros. A un lado de su puesto mandó construir varios locales, uno de ellos lo renta para la venta de croquetas y amenidades para mascotas; tampoco eso le molesta, cuando debería. Los domingos vende tamales en vez de jugos, y varios clientes que le compran llevan a sus perros; eso tampoco le molesta, y también debería. Cuando pasa el camión de la basura, recoge las cáscaras de las naranjas de su puesto y el camión deja un caminito pestilente de jugo podrido por toda la colonia, que a todos molesta pero nadie le dice nada.
¿Qué entendiste de esta historia? No, no es la parte moral lo importante.

La relación de fuerzas entre lo que sucede y lo que decidimos hacer es y no es controlable. El infinito decide.

Conforme la gente crece, se hace a la idea de que adquiere cierto tipo de autoridad e independencia, y en vez de pedir consejo y mantener un eje, se enoja si alguien más sabio lo corrige. La humildad se pierde cuando las barreras que sostienen el equilibrio de todo lo que existe se rompen.

El agua quieta es como el cristal, tiene un nivel perfecto, y parece espejo. El corazón de un hombre sabio es tranquilo y nivelado, por eso, es el espejo del cielo y de la tierra, el cristal de todo. Sé como el agua quieta, mira dentro de ella, y vete a ti mismo.

Las uñas y el pelo no duelen cuando te los cortas, pero si tienes un milímetro de ego, es suficiente que te roce una mosca para que te haga pedazos.

El músico solo habla de música. El pintor solo habla de pintura. El escritor solo habla de escritura. El político solo de política. El mago de magia. El doctor de medicina... El que no es músico, ni pintor, ni escritor, ni político, ni mago, ni doctor ¿de qué habla?

El que no habla de nada no habla, vive en el infinito.

La adicción más grande de cualquier persona es verse a sí mismo todo el tiempo.

La atención sobre el mundo es en realidad un reflejo de nosotros mismos. Por eso te dije el otro día que no hagas nada para tí, sino para el infinito; solo así lo harás bien.

Cuando vayas al supermercado fíjate bien en lo que hace la gente. No va por su despensa y ya, va porque necesita mantener su membresía como interlocutor con los demás. Cualquier experto te dirá que es normal porque el ser humano es un ente social. Pero el inventario del súper es exactamente igual que el del ser humano: con pasillos, estantes, clasificaciones y bodegas, con gente que busca lo que cree que necesita y compra lo que no utiliza o lo que sabe que le hace daño. Pero en el súper no se venden verdades ni sueños redimidos, eso está afuera, y se paga con tiempo de vida.

Cuando entraste a la universidad el primer día tenías la cara llena de júbilo, y ponías atención al grado que ni parpadeabas. Pero en pocos días tu atención se fue diluyendo y tu júbilo se convirtió en costumbre, rutina y queja. Es un dilema universal que nos aqueja a todos, no sabemos sorprendernos sin poner nada a cambio. Quebramos nuestras ilusiones inconscientemente a propósito.

Aprendemos rápido a criticar a los demás, pero nunca aprendemos a escuchar el sonido del viento, ese que sopla en el vacío total, en la sobriedad.

La prisión del mundo es el universo que nos imponemos nosotros mismos, el espacio que nos hace minotauros de nuestros propios laberintos.

El otro día me encontré con Juan Rulfo en las montañas, no me saludó ni nada, pero caminamos juntos un rato; nos siguió un perro ladino. Me mostró una planicie árida, como las que narra en "Luvina", y me señaló un casco viejo y en ruinas. Entramos. Anduvimos entre piedras secas, cascajo, muebles rotos y losas derruidas. Ningún sonido, ninguna hora, ninguna época, ningún lugar, ningún Rulfo. Solo el perro.

No todo cabe en la dicotomía de —me gusta o no me gusta—. Debes elegir con inteligencia. Si eres ignorante te comerás ese delicioso pastel sin saber que está envenenado.

Lo que gastas en materiales, transporte, alimentos, renta y otros gastos no es para cumplir el capricho de tus maestros. Es parte de un esfuerzo que complementa tu desarrollo profesional, tu capacidad de ser responsable y sobre todo, el esfuerzo de ser quien quieres ser estudiando. Si no te das cuenta de esto, renegarás siempre que son gastos inútiles, que tus materiales ya no los volverás a usar, te quejaras de que tu escuela está muy lejos, etc. Pero no incluirás en el paquete el factor más importante que determina todo esto y lo demás: Tú.

Cuando te des cuenta que el tiempo que perdiste no se desdobla, habrás entendido que nada importa más que hacer lo que debes hacer a toda costa, sin pensar en ganancias personales. Luego viene que hagas algo con eso.

El diálogo interno se construye con una revisión constante de la interacción con nuestro prójimo. Piensa en algo que no tenga que ver con algo dicho o hecho por la gente. Cuando lo logres, se abrirá una rendija para ver el infinito.

El éxito de lo que dices, haces o piensas no se mide con likes en las redes sociales. Basta con que esté cargado de una buena dosis de impersonalidad.

Lo importante es aprender a cuestionar, a dudar, a abrir más espacio, porque el conocimiento no es de nadie y lo que se puede saber es apenas una partícula del universo ¿Sí lo sabes, no?

No podemos decir con orgullo que la UNAM es una de las mejores universidades cuando uno mismo no es uno de los mejores alumnos, profesores o trabajadores de la UNAM.

Hay maestros estrictos de dos tipos: los que exigen porque saben conjugar un equilibrio entre autoridad, respeto y conocimiento. Y los fanfarrones, que se hacen pasar por estrictos cuando en realidad son groseros e ignorantes.

Cuando acabes tu carrera no serás experto en lo que estudiaste, apenas habrás tendido el tapete para hacer de lo que aprendiste un camino de inicio. Lo que pase después dependerá de tí.

La disciplina es un compromiso que se adquiere con desapego, porque lo que define las actitudes responde a lo que uno ve de sí mismo y lo que ve del mundo. Cuando hacemos a un lado la imagen personal, esa que anteponemos para sentirnos importantes, superiores y ofendidos, respetar las reglas no es una imposición, sino un "hacer". Es entonces cuando hacemos lo que tenemos que hacer sin la posición del yo. En pocas palabras, la gente indisciplinada no ve el mundo, se ve a sí misma, por eso reniega de lo que debe hacer bien.
Una vez me preguntaste cómo ordenar tu vida, cómo priorizar tus tareas. No te dije nada porque eso se resuelve en la intimidad. Es como el ADN, lo tienes o no lo tienes.
No se es disciplinado para sentirse nada, es porque no importa. En clase te dije que hicieras las cosas por hacerlas, no por tí ¿Te acuerdas?


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